Muchos de nosotros poníamos nuestra esperanza en el dinero, el verdadero amor y la vida que siempre habíamos querido, creyendo que eran la clave para la felicidad, pero albergando la sospecha insidiosa de que nos iban a defraudar. No es de extrañar que nos sintamos perdidos, solos, desencantados y resentidos. Únicamente hay un Dios que puede satisfacer plenamente nuestros anhelos y ahora es el mom...