Una cuna... ¿y una corona?
De vuelta a las amadas tierras de Carramer, Carissa Day compró la casa que creía sería el lugar perfecto para criar a sus hijos, pero aquella propiedad pertenecía en realidad a otra persona. Y, para empeorar aún más las cosas, esa persona resultó ser su amor de juventud, Eduard de Marigny, marqués de Merrisand, que estaba más irresistible que nunca.
Sin dinero y embaraza...