PRÓLOGO

Este libro tiene el mérito de ser la primera obra colectiva del grupo de investigación Episteme: filosofía y ciencia, y su gestación data de hace más o menos tres años, cuando el grupo inició su seminario permanente de investigación, sesionando en forma continua todos los martes durante tres horas. Este espacio ha permitido una maduración lenta y continuada de cada uno de los artículos aquí publicados. La mayoría de ellos han sido expuestos y sustentados, y revisados, en su escritura en más de dos ocasiones.

Los autores son profesores de filosofía o estudiantes de maestría en filosofía, o estudiantes de pregrado en filosofía, y la mayoría de ellos son miembros activos del grupo de investigación, de modo que los artículos también son avances de investigación o adelantos parciales de tesis de maestría o de trabajos de monografía. Una de las virtudes del grupo y de su seminario es que se ha integrado muy bien a las dinámicas académicas y de investigación propias del Departamento de Filosofía y, en alguna medida, también de la Universidad del Valle, al integrarse con profesores de otras áreas para adelantar proyectos y actividades académicas particulares.

Un interés central del grupo radica en responder a dos expectativas clave dentro del ámbito de la investigación en la universidad. La primera tiene un carácter más particular al circunscribirse al Departamento de Filosofía, el cual, desde ya hace aproximadamente dos décadas, ha asumido como prioridad el desarrollo de la filosofía de la ciencia, convirtiéndose en uno de los pocos departamentos de filosofía del país que cultiva y apoya este tipo de disciplina relativamente joven. Sin lugar a dudas, el grupo de investigación es un muy buen resultado de esta dinámica del departamento y, recíprocamente, el grupo ha contribuido positivamente a mantener dicha dinámica. La segunda expectativa tiene un carácter más amplio y busca promover el trabajo interdisciplinario entre la filosofía y áreas del conocimiento como física, matemáticas, biología, psicología, epidemiología y enseñanza de las ciencias, siempre bajo el convencimiento de que las disciplinas sólo son formas prácticas de abordar el saber y que el saber desborda dichos límites.

Así, la idea general que ha venido cohesionando al grupo es que hay una amplia zona de problemas filosóficos interesantes, algunos tradicionales y otros nuevos, en los que ciencia y filosofía pueden hacer causa común a la hora de adelantar soluciones. De modo que en muchos de estos problemas es necesario hacer uso de teorías, conclusiones y procedimientos característicos de la ciencia, así como es importante también tener la perspectiva histórica y la perspicacia propias de la filosofía. En general, estos problemas los podemos ubicar en áreas de la filosofía como filosofía de la ciencia, filosofía de la física, filosofía de la mente, lógica, historia de la ciencia, historia de la filosofía y cuestiones metafísicas de la ciencia. Desde luego que esta diversidad temática se evidencia en esta colección de artículos, y también es una clara muestra de la pluralidad y apertura de miras que han sido una constante en la historia del grupo y la cual se espera mantener en las distintas actividades por venir. Espero que lo dicho hasta aquí, en especial los dos últimos párrafos, justifique, en parte, el título Entre ciencia y filosofía: algunos problemas actuales que hemos escogido para esta colección de artículos.

El seminario de investigación de cada semestre se inicia con una conferencia inaugural, dictada por un especialista en los temas de interés del grupo, con una alta preparación científica y de prestigio nacional e internacional. La idea es que los asistentes al seminario reciban conocimiento de primera mano y se familiaricen con las distintas formas de investigación y las diversas maneras como se presentan y sustentan los resultados de investigación. Hemos tenido la fortuna de contar en el seminario de investigación con conferencistas de la talla de los profesores Michel Paty (CNRS, Centro National de Investigación Científica, Universidad de París 7), Regino MartínezChavanz (Universidad de Antioquia y CNRS, Centro National de Investigación Científica, Universidad de París 7), Gonzalo Munévar (Lawrence Technological University), David Miller (University of Warwick, Reino Unido), José Granés (Universidad Nacional de Colombia), Óscar José Mesa (Universidad Nacional de Colombia), Juan José Botero (Universidad Nacional de Colombia), Luis Carlos Arboleda (Universidad del Valle), Jorge Antonio Mejía (Universidad de Antioquia), Carlos Emilio García (Universidades de Caldas y de Manizales) y Jairo Roldán Charria (Universidad del Valle). Esta importante trayectoria de la conferencia inaugural nos permite decir que ya hace parte de la tradición del grupo.

Recientemente el grupo dio un paso más en su consolidación como grupo de investigación al organizar y realizar, con excelentes resultados, el Primer Coloquio Episteme: filosofía y ciencia (marzo 12, 13 y 14 de 2008), en el que distintos miembros investigadores del grupo dieron a conocer sus avances y resultados de investigación con la participación de investigadores nacionales e internacionales.

Es nuestro deseo, y seguiremos trabajando en pos de ello, que la presente publicación y el primer coloquio sean los comienzos de dos nuevas buenas tradiciones en el grupo. En particular, esperamos que la publicación se vuelva periódica bajo el nombre de Colección de artículos Episteme: filosofía y ciencia.

La madurez académica e investigativa adquirida por el grupo a lo largo de estos años no se hubiera podido alcanzar sin el trabajo constante y de gran calidad desplegado por los estudiantes de maestría y pregrado que han asistido al seminario de investigación y a algunos de los seminarios que he ofrecido en la maestría en filosofía. Quiero hacer un reconocimiento especial a ese grupo de estudiantes. Además, la mayoría de estos estudiantes han publicado aquí sus trabajos. También quiero agradecer a los colegas del Departamento de Filosofía y al departamento mismo por el apoyo académico que me han proporcionado. Finalmente, agradezco al profesor Víctor Hugo Dueñas por su esmero en la edición del libro.

Germán Guerrero Pino

Cali, abril 2008

PARTE I
Acerca de la filosofía de Karl Popper

3. KARL POPPER: DEMARCACIÓN Y OBJETIVIDAD

Miguel Hernando Guamanga61

Resumen. Este escrito es un intento por relacionar dos temas importantes de la filosofía de Karl Popper: la demarcación y la objetividad. La relación se establece a partir de la posición que Popper sostiene sobre el marxismo y las ciencias sociales. Lo que se quiere plantear es que en la filosofía de Popper se presenta una doble posición respecto al marxismo y las ciencias sociales que parecen ser opuestas, pero esta virtual oposición se puede dilucidar si se considera que el racionalismo crítico de Popper no se circunscribe de manera exclusiva al análisis lógico.

Palabras clave: ciencias naturales, ciencias sociales, demarcación, mundo 3, marxismo.

Este escrito es un intento por relacionar dos temas importantes de la filosofía de Karl Popper: la demarcación y la objetividad. La relación se establece a partir de la posición que Popper sostiene sobre el marxismo y las ciencias sociales. Lo que se quiere plantear es que en la filosofía de Popper se presenta una doble posición con respecto al marxismo y las ciencias sociales que parecen ser opuestas, pero esta virtual oposición se puede dilucidar si se considera que el racionalismo crítico de Popper no se circunscribe de manera exclusiva al análisis lógico.

En su obra, Popper pugna en reiteradas ocasiones con el marxismo, en especial, en lo que compete a su cientificidad. Aunque Popper no pierde de vista al marxismo como su foco de atención, el tratamiento, a lo menos, puntual que le dedica a éste lo conducen a realizar algunas aseveraciones relevantes en torno a las ciencias sociales. La discusión que Popper sostiene sobre la cientificidad del marxismo no es infundada, el marxismo pretende mostrarse como una ciencia indiscutible. Prueba de esto se puede localizar en el discurso fúnebre que Engels lee frente a la tumba de Karl Marx. Este discurso está dividido en dos partes, en la primera, Engels sostiene que Marx fue un grande, sincero y exitoso buscador de la verdad, plantea que así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de los organismos, Marx descubrió las leyes del desarrollo de la historia humana. En la segunda parte, Engels elogia a Marx como un revolucionario, un trabajador incansable, comprometido con las preguntas acerca del enriquecimiento de los pobres y la emancipación de la opresión. Lo que llama la atención del discurso de Engels es el lugar común en que se convirtió la afirmación de que el éxito de Marx en las ciencias sociales es comparable con el éxito de Darwin en la biología, la afirmación resulta significante porque evidencia el interés del marxismo por ser aceptado como ciencia. Lenin y Maurice Cornforth fueron quienes popularizaron la analogía, desarrollaron una equivalencia metodológica y explicaron por medio de ella el éxito de Marx y de Darwin en sus respectivos campos. Los marxistas se resisten a aceptar la categorización de Marx como un filósofo alemán entre muchos otros, defienden que Marx no pudo ser un filósofo, sino un científico, su trabajo parte de un profundo estudio científico sobre el mundo real en orden a entender el desarrollo histórico. Los primeros teóricos del marxismo son miopes a varios apuntes biográficos que evidencian la falta de un metodología concreta por parte del marxismo. En una carta de 1852 dirigida Weydemeyer, Marx confiesa que todavía no posee pruebas convincentes para configurar sus ideas en una ciencia social empírica. Engels y Marx de lo único que tenían certeza era de lo que más tarde Popper llamo historicismo, una ley del desarrollo de la historia de la humanidad respaldada y aprobada, según ellos, por una ineludible necesidad lógica y filosófica. Y pese a la declaración de Marx acerca de su incapacidad para lograr que su sistema, al menos, se pareciera a una ciencia social, tuvo la necesidad de expresar en una extensa posdata al Manifiesto comunista que sus informes y análisis eran sacados del banco de conocimiento científico. Marx y Engels, quien colaboró en la redacción del Manifiesto, se apresuran a afirmar esto porque el impacto social que pretendían debía estar fundamentado en una base científica convincente. Sin embargo, la formación epistemológica de Marx fue limitada para ahondar seriamente en la cientificidad de su sistema, su instrucción filosófica se circunscribió, sobre todo, a la filosofía clásica alemana, en especial, a la de Hegel. Marx probablemente nunca leyó a Locke o a Hume y, de haberlo hecho, con toda certeza no sintió la necesidad de pasar por los desafíos que ellos proponían, de manera mucho más específica, con lo que se conoce actualmente como el tenedor de Hume, problema que es latente en todo intento de constitución científica. Con todo, las evidencias que muestra la problemática acerca de la cientificidad del marxismo fueron desplazadas por los adeptos, quienes consideraron fútiles los aspectos teóricos del marxismo y optaron por concentrar sus esfuerzos en la propaganda por fortalecer el programa práctico del marxismo, esto es, la acción revolucionaria. Entre los autores contemporáneos, que se han ocupado de la cientificidad del marxismo, sobresale Karl Popper, quien ha logrado destacarse por sostener un compresivo y aplastante ataque al marxismo, concentrándose en su componente teórico62.

Popper considera que su crítica al marxismo debe entenderse como un ataque feroz, al menos así lo plantea cuando lo desestima: lo identifica con el pensamiento dogmático e incluso establece una semejanza directa entre las aparentes predicciones del marxismo con las profecías del antiguo testamento. Popper esgrime estos juicios despectivos desde su momento lógico, caracterizado por el análisis de los elementos epistemológicos del marxismo, en especial, al comparar estos elementos con los correspondientes en la ciencia. Por esta vía Popper es conducido a realizar algunos comentarios no acabados e inextensos sobre las ciencias sociales, dentro de los que sobresalen la imposibilidad de que en ellas pueda haber algo parecido a la objetividad63. Pero, la filosofía de Popper no se agota en el momento lógico. La filosofía tardía de Popper se agrupa en el momento cultural, caracterizado por las teorías de los tres mundos. Con esta teoría Popper busca configurar un mundo objetivo que, debido a la carencia de un criterio excluyente, se extendió hasta los productos culturales y hacia cualquier otro producto animal. Si en el primer momento Popper plantea una posición negativa con respecto al marxismo y las ciencias sociales, en este último momento, con los mismos elementos conceptuales que Popper expone para el desarrollo de su teoría de los tres mundos, es posible incorporar en el mundo de la objetividad –que tiene como inquilinos relevantes a las teorías científicas– al marxismo, aun sin ser ciencia, y a las ciencias sociales, aun así no sean objetivas. ¿Cómo conciliar, entonces, las posiciones que Popper plantea con respecto a las ciencias sociales y, sobre todo, las que conciernen al marxismo?

1. Demarcación y predicción

1.1 Pensamiento dogmático y crítico

En el momento lógico Popper desarticula la pretensión científica del marxismo. Lo que comenzó como una motivación intelectual para distinguir entre pensamiento crítico y dogmático terminó en una crítica severa. En su Autobiografía, Popper reconoce que el encuentro temprano con el marxismo fue una situación determinante para su posterior desarrollo intelectual. Por algunos meses Popper se consideró un marxista más. Aunque se había enterado de ciertas inconsistencias propias del marxismo, la fuerza propagandista y la inestabilidad política de Austria lo condujeron a adherirse a él. Las estrategias publicitarias se concentraban, sobre todo, en una propuesta en contra de la guerra y en la promesa de un mundo mejor si el marxismo ostentara el poder. No pasó mucho tiempo para que Popper se decepcionara de su nueva doctrina. La decepción se desencadenó a raíz un incidente en el que perecieron varios jóvenes adscritos al marxismo. El sentimiento de Popper respecto al incidente fue de culpa. Popper había aceptado una doctrina que reivindicaba incidentes por ese mismo estilo con el propósito de apresurar la revolución social. Popper se horrorizó de sí mismo: con su asentimiento al marxismo había aprobado la muerte de esos jóvenes. Popper había hecho suyo un credo sin la previa evaluación crítica que debe realizarse cuando se acepta un conjunto de creencias que tienen impactos prácticos relevantes. Por la promesa de un futuro menos violento y más justo, Popper había sacrificado su conciencia intelectual, aceptar un credo, que exige medios atroces para una promesa sin garantías, repele con alguien que sabe pensar.

Para el marxismo la intensificación de las luchas de clases es un paso importante que anuncia la aproximación de la revolución. Los muertos que en este proceso se generen hacen parte del entramado de la doctrina, el asunto se resuelve en términos calculables: el capitalismo ha exigido más muertos que los que la revolución pide. Aunque el marxismo argumenta este cálculo en el conocimiento de las leyes del desarrollo histórico e insiste en las múltiples verificaciones que tiene a su favor, respecto al cálculo y sus argumentos, Popper se plantea uno de los interrogantes que lo acompañaron el resto de su vida. El interrogante de Popper es si un cálculo con estas características puede, en efecto, ser respaldado por la ciencia. Por el mismo año en que se decepcionó del marxismo (1917), Popper se aproximó a la obra de Albert Einstein. Y aunque con pocos elementos conceptuales para entender a plenitud las teorías de Einstein, Popper establece la relación entre el marxismo, el psicoanálisis de Freud y de Adler, con la física de Einstein. A la conclusión que Popper llega es que sólo en las propuestas de Einstein puede haber una genuina actitud crítica, mientras que en las otras rebosan de actitud dogmática. La diferencia se centra en que Einstein busca experimentos cruciales capaces de refutar su teoría, mientras el marxismo y el psicoanálisis buscan afanosamente verificaciones a sus teorías. La experiencia que Popper tuvo con el marxismo le permitió distinguir entre actitud crítica y dogmática, el marxismo no sólo era un dogma que pedía ser adoptado sin el cuestionamiento de sus medios, sino que no estimulaba a los gregarios a buscar casos que fueran capaces de refutarlo64. Las prematuras impresiones sobre la problemática cientificidad del marxismo Popper las desarrolla más a fondo cuando propone una solución al problema de la demarcación.

1.2 La falsabilidad como criterio de demarcación

Los positivistas proponen una concepción sobre la demarcación entre ciencia y metafísica ampliamente aceptada. El positivismo sostiene que la demarcación se puede realizar a partir de la analogía entre los métodos que ambas partes utilizan. La ciencia se caracteriza por el método inductivo o por su base observacional, y la metafísica por el método especulativo, que se distancia de forma significativa del campo de la observación65. Popper no acepta la propuesta de los positivistas. Para Popper partir de la base observacional y del método inductivo para establecer la demarcación es un error: la física de Einstein es altamente especulativa y su base observacional no es algo evidente, mientras los procesos agrícolas y ciertas creencias populares tienen una gran base observacional y siguen el método inductivo. Difícilmente los positivistas reconocerían dentro del ámbito de la ciencia estos procesos y creencias. El error de los positivistas, según Popper, es producto del intento por establecer una demarcación entre ciencia y metafísica a partir de la demarcación entre sentido y sin sentido. Con esta identidad los positivistas intentaron acabar con la metafísica, sin embargo, por los supuestos del criterio de demarcación, terminaron por excluir las teorías científicas como carentes de sentido y no pudieron eliminar de manera concluyente la metafísica. La exigencia positivista de reducir lógicamente las leyes científicas a enunciados elementales de la experiencia no parece posible. De acuerdo con el positivismo, por esta limitante deberían de ser rechazadas, pues carecen de sentido. En este contexto, habría que concluir que tanto la metafísica como la ciencia son sistemas sin sentido, conclusión que entra en deterioro con la intención inicial de establecer una línea divisoria clara entre ciencia y metafísica66.

Popper afirma que los positivistas dejaron el problema donde estaba, arremetieron contra la metafísica desde un criterio de demarcación inadecuado que condujo a la equiparación entre la ciencia y la metafísica. Frente al problema de la demarcación Popper no procura arraigadamente acabar con la metafísica como los positivistas, sino que se propone dilucidar una caracterización apropiada de lo que es ciencia. Dentro de las condiciones para que un sistema adquiera el rótulo de ciencia está, desde luego, la superación de un criterio de demarcación adecuado. El criterio de demarcación de los positivistas es inadecuado porque se concentra en las verificaciones y en el grado de contenido empírico que tenga el sistema en cuestión. Este criterio no puede desarticular la pretensión científica ni del psicoanálisis ni del marxismo; estas disciplinas se caracterizan, principalmente, por encontrar verificaciones a sus postulados en todas partes y, por ende, tiene un alto grado de contenido empírico. El criterio que Popper introduce busca derrumbar la presunción científica de disciplinas con estas características.

Popper plantea la tesis de que las teorías científicas no son verificables empíricamente67. Por tal razón, en oposición a la verificabilidad, Popper privilegia como criterio de demarcación la falsabilidad de los sistemas. Así, Popper se sirve del modus tollendo tollens de la lógica clásica para desde la falsedad de los enunciados particulares – las predicciones– llegar a la falsedad de los enunciados universales. Los enunciados universales no se deducen de enunciados particulares, pero sí permiten deducir enunciados particulares que pueden entrar en conflicto con el enunciado universal que lo posibilito. Para Popper un sistema que no se arriesgue a ser falsado difícilmente puede ser considerado como científico. Lo que Popper propone es someter todo sistema teórico con pretensiones científicas a una fuerte lucha por su supervivencia, no exigiéndole verificaciones, sino refutaciones con la capacidad de ponerlo en riesgo68. El criterio de demarcación de Popper destaca las consecuencias que se derivan de las hipótesis o teorías, sobre todo por el riesgo que generan. Para Popper las predicciones que se derivan de la teoría son determinantes para poder contrastarla. Una vez se presente un sistema teórico por medio de deducción lógica se desprenden o se extraen conclusiones que tienen relaciones lógicas entre sí y, desde luego, que tiene relación lógica directa con el sistema teórico. El punto más importante del proceder deductivo es contrastar las predicciones que se desprendieron del sistema teórico, ellas deciden el éxito del sistema. Al someter a contrastación las predicciones se somete a prueba las teorías, de acuerdo al resultado o se puede seguir conservado o se puede descartar. Si las predicciones son verificadas, la teoría ha pasado la contrastación, se puede conservar aunque sólo sea de forma temporal. Si por el contrario la consecuencia ha sido falsada significa que la teoría de la que se desprendió es también falsa69. Mientras una decisión positiva en relación con las predicciones permite conservar la teoría; una decisión negativa, una falsación, es una razón de peso para descartarla.

Una de las primeras impresiones de Popper respecto al marxismo y el psicoanálisis era que siempre evitaban el factor de riesgo, eludían entrar en conflicto con la observación. Según Popper las teorías del marxismo y el psicoanálisis se parecían más a los mitos primitivos que a la ciencia70. Estas teorías tenían a su favor un gran poder explicativo, eran capaces de explicar todos los fenómenos del campo que les correspondía, así las teorías se presentaban como mismas revelaciones intelectuales. Cuando se relacionaba la teoría con el campo factual al que hacía referencia, la percepción sobre él cambiaba, era una nueva manera de comprenderlo. Se producía una especie adoctrinamiento, puesto que se encontraban en todas partes verificaciones que mostraban que la teoría tenía la razón. Quienes tenían dudas frente a las teorías eran personas que tenían anomalías serias: así, v.g., tenían limitaciones claras de clase o padecían de un caso psicoanalítico que debía ser tratado. Esto lo argumentaban a partir de las múltiples confirmaciones que tenía la teoría. Popper llegó a la conclusión de que las múltiples corroboraciones se generaban porque la teoría imponía un marco que condicionaba las observaciones. Un mismo fenómeno podría ser explicado a partir de Freud como de Adler y ambos ofrecerían propuesta capaz de ser corroboradas. Mientras los adeptos sostenían que las verificaciones eran la fortaleza de las teorías, Popper consideró que más bien eso constituía su debilidad. A estas teorías le hacía falta el riesgo de ser refutadas. Popper ultima, entonces, que: si se buscan confirmaciones se van a lograr, la teoría genera una marco que circunscribe cualquier observación; de aquí que las confirmaciones que tienen un valor significativo son el resultado de las predicciones riesgosas, esto es, si son confirmaciones de predicciones que de no ser confirmadas pueden refutar la teoría de la que se dedujo. Lo que se pide con el riesgo es dejar de lado esa identidad entre fortaleza e irrefutabilidad. Para Popper, por ende, el carácter científico de una teoría es su refutabilidad a partir del análisis de sus predicciones71.

La caracterización que Popper hace de la ciencia a partir del problema de la demarcación permite con más recursos arremeter contra la cientificidad del marxismo. La argumentación que se presenta en este caso es más elaborada, sobrepasa una prematura distinción entre pensamiento crítico y dogmático que incluso logra desechar al marxismo por principio. La réplica que Popper realiza al criterio de demarcación de los positivistas lo llevan a proponer un criterio de demarcación que limita las ambiciones científicas del marxismo, al evitar la refutabilidad de sus predicciones y, desde luego, la de él mismo como sistema, se debe descartar su carácter científico. Sin embargo, es una crítica que por principio descarta al marxismo y esto la configura en una crítica apresurada. Si bien es una posición que se fundamenta en elementos lógicos no deja de ser general, no logra ahondar en los detalles metodológicos del marxismo. El ataque más categórico contra las pretensiones científicas del marxismo Popper lo realiza al analizar el historicismo como doctrina metodológica. Aunque en este contexto Popper no logra cuestionar elementos técnicos del marxismo y hace cometarios generales sobre las ciencias sociales, propone argumentos apropiados para sostener que el marxismo no tiene puntos de semejanza con la ciencia.

1.3 El historicismo como doctrina metodológica

Popper define el historicismo como la doctrina metodológica que le asigna a las ciencias sociales, como tarea principal, la predicción histórica. Para Popper el historicista más famoso es Karl Marx72. Considerar a Marx como el representante principal del historicismo conlleva a dificultades de relación, sobre Marx se cimienta un sistema que en muchas ocasiones Popper lo crítica refiriéndose al historicismo. Son tan reiteradas las ocasiones que algunos de sus críticos sostienen que Popper critica el marxismo de manera indirecta bajo el rótulo del historicismo. En Conjeturas, Popper expone la relación entre el historicismo y el marxismo. Popper hace explícito que su ataque es al marxismo, pero lo hace desde el historicismo porque éste es el método que utiliza el marxismo para pretender ser una ciencia social. Por su objeto de estudio no puede aspirar a ser una ciencia natural, mas por medio del historicismo puede pretender constituirse en una ciencia social. El marxismo tiene el propósito de predecir el curso de la historia, con lo que, de acuerdo a la tesis del historicismo, estaría en el mismo nivel de las ciencias sociales73. El convencimiento del marxismo de poder realizar predicciones históricas sólo puede sustentarse dentro de los marcos denotados por el método historicista. Para el historicismo la historia de la humanidad trascurre a causa de una trama que de ser posible desentrañarla se podría anticipar el futuro. El marxismo asegura que tiene la facultad de destejer la trama, de predecir el tránsito de la historia a partir del descubrimiento del ritmo o las tendencias que subyacen en la evolución de la historia74.

El modo como el historicismo pretende configurar el marxismo en ciencia es problemático. El historicismo equipara las ciencias naturales y sociales, y reclama para estas últimas las mismas virtudes que poseen las primeras. La intención no es otra, que desde algunos elementos comunes entre ellas, retrotransmitir la fortaleza de las ciencias naturales a las sociales y, por esta misma vía, al marxismo. Con esto el historicismo logra afianzar la tarea propia de las ciencias sociales y del marxismo. Para el historicismo son varios los elementos en común. Así, v.g., el historicismo destaca de la astronomía la mecánica celeste para sus intereses. Según el historicismo, la mecánica celeste se basa en la dinámica, en la determinación del movimiento a partir de las fuerzas. Este conocimiento le permite establecer la analogía entre las fuerzas físicas y las sociales. El historicista arguye que al igual que el físico los científicos sociales también se rigen por una explicación causal, explican cómo y por qué ocurrieron tales sucesos. El investigador social realiza sus estudios a partir del análisis histórico de las causas que generaron el acontecimiento, así para el historicismo, al igual que el físico, el investigador social labora sobre fuerzas, con la diferencia en que estas últimas son las que generan los cambios sociales. Entre estas fuerzas se encuentran las ideas éticas o religiosas, los intereses económicos, etc.

Lo anterior le permitirá al historicismo demandar como propiedad incuestionable de las ciencias sociales y del marxismo la capacidad predictiva. Uno de los trabajos que más impresionó a los historicistas fue el de Newton, en especial, porque con ellos era posible anticipar la posición de los planetas con bastante antelación. Los historicistas cuestionaron: si en la física se puede hacer este tipo de predicciones, por qué no se puede hacer esto en las ciencias sociales; si la astronomía puede predecir eclipses, por qué las ciencias sociales no pueden predecir revoluciones. Según el historicismo, las predicciones de las ciencias sociales y del marxismo no son especulaciones, al igual que las ciencias naturales, ellas se soportan en una fuerte base empírica. Popper señala que la base empírica que los historicistas proponen es la historia. Ésta narra y ordena cronológicamente los acontecimientos políticos y, en términos generales, todos los sucesos de la vida social. El historicismo no sólo entiende la historia como la mirada hacia el pasado o como mera crónica de sucesos, sino también como la posibilidad de tener una perspectiva altamente confiable sobre el futuro. En este contexto, las ciencias sociales y el marxismo serían el estudio de las fuerzas o tendencias históricas que han condicionado el desarrollo de la vida social y, por tal razón, estarían en la posibilidad de anticipar los acontecimientos futuros75.

El error categorial del historicismo es producto de la intención de contar entre las ciencias al marxismo. Con el fin de salvarlo hace equivalencias erradas entre las ciencias naturales y las sociales que evidencian la interpretación equivocada que tiene sobre la metodología de las ciencias naturales. Albergar la esperanza de algún día poder descubrir las leyes del movimiento social de la misma manera que Newton encontró las leyes del movimiento de los planetas es un claro equívoco del historicismo, lo que hace es simplificar la complejidad propia del objeto de estudio de las disciplinas que pretende configurar en ciencia. El historicismo busca leyes que no existen, omite que en la sociedad es inconcebible un movimiento semejante al experimentado por los cuerpos físicos y que, por ende, en la sociedad no puede haber tales leyes76.

La equiparación, según el historicismo, no sólo se restringe a las semejanzas entre las ciencias naturales y sociales, sino que ésta también involucra al marxismo. Para el historicismo, el objetivo de esta triada es el mismo: predecir. En el caso del marxismo su objetivo no es otro que hacer predicciones históricas sobre el desarrollo social de la humanidad, predecir, entre otras cosas, las revoluciones sociales. Para el historicismo esta última afirmación no es problemática, en particular porque la fundamentan en la potencionalidad del marxismo: si ha sido posible predecir eventos físicos como los eclipses, por qué no se podría predecir una revolución. Explica el fracaso hasta el momento de las predicciones del marxismo en la carencia de conocimientos históricos importantes sobre el movimiento social. Si la física ha predicho eclipses es precisamente porque tiene conocimientos extensos sobre el asunto que datan desde los astrólogos babilónicos, mientras el marxismo carece de antecedentes pertinentes sobre lo social; de haberlos tenido, incluso desde su fundación, hubiera predicho los acontecimientos sociales más relevantes de la actualidad.

Popper, desde luego, no está de acuerdo ni con la intención del historismo ni mucho menos con los argumentos que expone para presuntamente satisfacer su empresa. Popper sostiene que las supuestas predicciones que defiende el historicismo no pueden establecer las condiciones explícitas en las que se presentaría por una limitante de principio. Las predicciones sólo se pueden realizar en sistemas estacionarios y la vida social no es uno de estos sistemas77. Los fenómenos sociales traen intrínsecos otros aspectos como la psiquis de los individuos y otros que son de orden constitutivo que provienen de otras ramificaciones científicas como la biología, etc.; de aquí que Popper considere que la complejidad de los fenómenos sociales es de un orden superior a los fenómenos físicos78. En este sentido, la diferencia es de fondo, en la vida social no hay la uniformidad predominante en el mundo físico que le posibilita a la física llegar a generalizaciones válidas. De proponerse una ley social su relevancia y validez es limitada, está determinada a una sociedad en particular que, a su vez, se encuentra condicionada al desarrollo histórico79. Así, lo que imposibilita una generalización válida sobre la vida social es su constante dinamismo. El dinamismo está lo suficientemente compenetrado en la vida social que cada periodo de ella es único. Si bien, al tener en cuenta algunos rasgos comunes entre periodos se puede postular una identidad entre ellos, las repeticiones punto por punto son imposibles. La sociedad al tener una historia posee un pasado retentivo que de manera inevitable influye en el proceder futuro imposibilitando de este modo la repetición80. Quienes sostienen la regularidad o identidad entre periodos históricos son aquellos que postulan teorías falsas y peligrosas con base en un determinismo histórico. Son falsas por el mismo dinamismo de la vida social y peligrosas porque son postulados que se presentan como leyes naturales que necesariamente deben ser aceptadas con la intención de validar procederes funestos. Lo que niega este tipo de teorías es el desarrollo de las sociedades81.

Las predicciones que el historicismo quiere imponer en las ciencias sociales y que cree que el marxismo lleva a cabalidad, no se pueden llevar a cabo. La vida social no es estacionaria, aunque se presenten algunas regularidades, la sociedad se desarrolla, siempre se presentan condiciones cambiantes capaces de generar situaciones inesperadas. Alguien puede basarse en las aparentes repeticiones del desarrollo histórico para predecir la llegada de una dictadura o de un golpe de estado, pero la repetición no puede garantizar el éxito de la predicción. El argumento de la potencionalidad que expone el historicismo, por ende, no es válido; del hecho de que se pueda predecir eclipses no se sigue que se pueda predecir revoluciones82.

El dinamismo social se constituye, en el adversario, de las pretensiones del historismo. Si por métodos científicos no se puede predecir el curso de la historia humana, la única salida del historicismo es la adivinanza, con lo que pasa de la ciencia a la superstición. Si se considerara posible la predicción como función efectiva de las ciencias sociales y del marxismo, se podría pensar en un calendario científico de eventos sociales. Para Popper un instrumento por este estilo es imposible. No es posible prever de manera exacta los detalles de una revolución ni mucho menos el instante preciso en que se va a producir83. La conexión entre la predicción y los sucesos predichos generan de forma inevitable una intervención activa en los sucesos predichos. Popper denomina a esta intervención efecto de Edipo. Éste consiste en la influencia que la predicción ejerce en los sucesos predichos en ambos sentidos, sea una intervención para hacer que ocurra o para evitarlo. Es tan problemática la adjudicación de la predicción como propiedad esencial de las ciencias sociales que, en efecto, de darse el evento predicho esto no serviría de argumento, el acontecimiento sólo pudo darse únicamente por la simple razón de haber sido predicho. La misma divulgación de la predicción puede obedecer a un plan intencional. Con la ilustración del calendario, Popper quiere establecer que las predicciones exactas y detalladas sobre la vida social no es algo racionalmente concebible84.

El dinamismo social también deteriora dos ideas repetitivas del marxismo: la teoría conspiracional y la fe en el resultado de la revolución. La teoría conspiracional de la sociedad es una excusa para culpar a ciertos grupos de los problemas sociales; a quienes culpa el marxismo es a los grupos que en el transcurso de la historia han ostentado regularmente el poder. El marxismo sostiene que los problemas que más aquejan a una sociedad son el producto del desarrollo de un plan conspiracional de los más poderosos. Popper no comparte esta idea por dos razones, primero, hayan o no conspiraciones, los problemas persisten y de haber, en efecto, conspiraciones, muchas de ellas fracasarían por el mismo dinamismo de la vida social. La segunda idea del marxismo está sustentada en los supuestos del historicismo. El marxismo sostiene, más por fe que por métodos científicos, que por medio de predicciones históricas ellos saben los resultados de la revolución social y, por esta razón, asumen una actitud mesiánica, actúan de acuerdo a un presunto conocimiento de lo que la sociedad necesita y quiere. Sin embargo, con la crítica que Popper ha hecho a las presuntas predicciones sobre la vida social se puede afirmar, primero, que las predicciones de los marxistas son aparentes, tienen la estructura de las profecías históricas, pues no puede predecirse, ni por métodos científicos ni por cualquiera otro, el transcurso de la vida social, de aquí que Popper considere que los que se adhirieron al marxismo se adhirieron fue a una práctica de adivinos85. Y, segundo, que el conocimiento de los efectos de una revolución es insostenible, no se puede garantizar el éxito de una revolución por medio de la fe en una sociedad mejor. Para Popper la actitud mesiánica del marxismo pretendió establecer el Paraíso en la Tierra y la han convertido en un infierno86.

La posición de Popper sobre el marxismo pasa, desde una postura sin muchos recursos argumentativos, hasta una desestimación por principio, y desemboca en una crítica muchos más en detalle. La crítica más severa al marxismo Popper la realiza desde la metodología que adopta para configurarse en ciencia. Con esta última crítica Popper no sólo despacha la pretensión científica del marxismo de manera más acabada, sino que además le permite hacer algunas precisiones panorámicas sobre las ciencias sociales, aclaraciones que no venían a lugar de manera apremiante en los anteriores cuestionamientos. Popper sostiene que el historicismo es la doctrina metodológica sobre la que el marxismo defiende su cientificidad. El historicismo moldea la metodología de las ciencias sociales con la única intención de contar entre una de ellas al marxismo, principalmente desde el determinismo histórico. Según Popper, la idea según la cual la tarea de la ciencias sociales es brindar predicciones históricas con el propósito de dar una teoría racional sobre la sociedad, no tiene nada de científica; si ni por medios científicos ni por ningún otro se puede develar el futuro de manera precisa, las predicciones que el historicismo reclama para las ciencias sociales y el marxismo no son más que profecías históricas. Allende de las erradas interpretaciones del historicismo, Popper reconoce que su crítica sólo se limita al hecho de excluir del marxismo su pretensión científica y no a sus tesis técnicas y políticas. Como consecuencia de los equívocos de historicismo Popper quiere acuñar, aunque de manera escueta, lo que para él es la tarea de las ciencias sociales. La ciencias sociales estudian los fenómenos sociales: los individuos, sus relaciones y acciones colectivas, no con la intención de predecir acontecimientos sociales futuros, sino con la de explicar las consecuencias de las acciones posibles. Según Popper, la tarea de las ciencias sociales es “discernir las repercusiones sociales inesperadas de las acciones humanas”87. El dinamismo de la vida social hace que se presenten consecuencias no deseadas o inesperadas de actos previamente deliberados; de acuerdo con Popper, las ciencias sociales deben restringir su campo de acción a estas consecuencias involuntarias y sus esfuerzos a tratar de explicarlas.

2. Objetividad y mundo 3

La filosofía de Popper de finales de los años sesenta es denominada por Jerónimo Martínez [1980] como el momento histórico-cultural. La categorización responde al marcado interés de Popper por el tema de la crítica racional en correspondencia con la cultura durante esos años. De este periodo se desatacan tres textos: La lógica de las ciencias sociales [1969a], ponencia en la que Popper asume de manera frontal el tema de las ciencias sociales y, además, retoma el tema de la objetividad en contraposición a las ideas dominantes sobre este asunto; Epistemología sin sujeto cognoscente [1967], y las conferencias que conforman el libro El cuerpo y la mente [1969b]. Con estos dos últimos textos la reflexión de Popper acerca de la objetividad alcanza su cumbre. Popper cree que con la teoría expuesta en ellos logra hacer una apropiada defensa de la objetividad.

2.1 La objetividad en las ciencias sociales

Las malas interpretaciones sobre las ciencias naturales para configurarlas como modelo ejemplar de las ciencias sociales terminan por otorgarles tareas absurdas a los investigadores de estas últimas. Con el historicismo se envió al investigador social a buscar leyes en sistemas donde probablemente no existen y con la errada interpretación sobre la objetividad se exhorta al investigador social a automatizarse, o como dice Popper, a olvidarse de su humanidad. Para Popper, entre las ciencias naturales y las sociales se pueden presentar semejanzas, de manera particular, en lo que concierne al método. Al igual que las ciencias naturales, las sociales tienen como objeto de estudio problemas ante los que arriesga soluciones tentativas capaces de ser científicas. El carácter de cientificidad de las propuestas sólo puede estar determinado por la accesibilidad que tengan ellas a la crítica objetiva, lo que las hace científicas es la susceptibilidad de ser refutadas, de no ser así, de acuerdo con la argumentación de Popper, deberían ser rechazadas como no científicas. Popper afirma que es en este nivel metodológico donde se puede entablar la semejanza entre las ciencias naturales y las sociales88. Aunque Popper acepta la semejanza, reprocha otras similitudes que incluso están mal planteadas. Una de estas similitudes es propuesta por el naturalismo o cientificismo metodológico. Esta corriente sostiene que las ciencias sociales deben aprender de la metodología de las ciencias naturales; el problema que Popper señala es que el cientificismo metodológico interpreta de manera errada la metodología de las ciencias naturales. De acuerdo con esta corriente, las ciencias naturales operan de manera inductiva, por ende, sostiene que las ciencias sociales deben también hacerlo para lograr la objetividad científica. Si lo primero es problemático, Popper apunta que hablar de objetividad científica en ciencias sociales lo es mucho más. La objetividad en las ciencias sociales es más difícil alcanzarla que en las ciencias naturales, es difícil que el investigador social pueda abstraerse de sus propias valoraciones y de las que impone el contexto social para de este modo poder acceder a la objetividad89.

Popper, para mostrar que la pretensión de objetividad en las ciencias sociales es absurda, trae a colación a la antropología social como ciencia social que entiende mal la objetividad. El método de la antropología, según el cientificismo metodológico, se presenta como un método científico natural que se basa en observaciones detalladas para poder realizar descripciones más objetivas. Popper admite que ciertas descripciones de los antropólogos son interesantes, pero también afirma que si bien el prisma del antropólogo se presenta de manera más atractiva, no por esto es más objetivo. Según Popper, el antropólogo tiene la confianza en la objetividad de sus descripciones porque se concibe a sí mismo como un observador de Marte, presupone, de manera ingenua, que considerándose de esta manera tiene la garantía de ver más objetivamente. Con su comportamiento el antropólogo pretende suprimir el condicionamiento que es implícito a todo observador, está convencido de poder observar cualquier fenómeno social desde afuera, a partir de un ángulo más objetivo que el de cualquier otro. Para él su objetividad peligra ahí cuando no se concentra exclusivamente en el comportamiento grupal, de tal manera que debe evitar siempre inmiscuirse en asuntos que lo incorporen en el objeto de estudio90.

La posición del antropólogo es absurda porque tiene una idea ingenua de lo que es la objetividad científica91. Para Popper la objetividad no se da en términos de la capacidad que tenga el científico de objetivarse, ni tampoco en la correspondencia entre objetividad y ciencias naturales, sino, como es habitual en Popper, en términos de método crítico. Los científicos sociales que se comprometen con la idea de que a menor intervención subjetiva en el estudio, mayor es su objetividad, pueden hacer descripciones interesantes entre culturas para identificar ciertas semejanzas y desplazamientos, pero esto no significa que el prisma adoptado sea más objetivo que otro. Quienes adoptan esta idea no son lo observadores de Marte que creen que son, ni su ejercicio es el triunfo de la imparcialidad. Según Popper, asumir el comportamiento de un mero observador que pretende estar afuera de las conductas verbales y grupales de los individuos analizados, para no anular su objetividad, es una resistencia a reconocer su ineludible condición. El científico, en tanto hombre, no es más objetivo que cualquier otro, así sea científico de la naturaleza, él es tan partidista por sus ideas como cualquier otro; así que pretender la pureza de la ciencia a partir de la facultad que tenga el científico por suprimir los aspectos subjetivos es tanto como pedirle que se suprima como humano. Para Popper la objetividad científica sólo radica en la tradición crítica, en la exigencia propia de cada postulado a ser cuestionado por su contenido en relación con los hechos y no a partir de aspectos baladíes sobre quien lo planteó. Este tipo de objetividad está relacionado con el mundo 3, los inquilinos de este mundo tiene la particularidad de ser de carácter público, expuestos a la crítica intersubjetiva sin siquiera hacer mención a quien los mencionó.

2.2 El mundo 3 de Popper

La cumbre del pensamiento de Popper sobre la objetividad es la teoría de los tres mundos. Con esta teoría, además del mundo físico y del mental, se postula el mundo de los productos humanos, que Popper denomina el mundo 3. Popper reclama para el mundo 3 el mismo estatus ontológico de los otros dos mundos. Según Popper, el mundo 3 es real, autónomo y objetivo. Si bien se puede sostener que el problema con esta teoría es que carece de un criterio excluyente, la idea de incorporar en el mundo 3 al marxismo y los postulados que se desprenden de las ciencias sociales, no fue planteada por Popper. Sin embargo, de acuerdo a los delineamientos y a la caracterización que Popper realiza acerca del mundo 3, es posible hablar de una incorporación implícita.

La teoría de los tres mundos de Popper surge como reacción a las tendencias subjetivistas, en especial, como respuesta al fenomenismo extremo y a la lógica epistémica que promulga la epistemología del sentido común.

Con el objetivismo se sostiene que el conocimiento vale sólo si trata las características de los objetos al margen de la conciencia, independientes de los aspectos psicológicos y culturales. Con el subjetivismo se postula lo contrario, el conocimiento depende inevitablemente de las creencias culturales y de los estados sensoriales del sujeto que conoce. Según el subjetivismo el conocimiento objetivo no es posible, el conocimiento no es una representación de una realidad externa, sino un reflejo de la conciencia. La tendencia epistemológica que radicaliza esta posición es el fenomenismo extremo.