El Príncipe

de Niccoló Macchiavelli 


Título original de la obra: De Principatibus

Título original en italiano: Il Principe

Traducción del original italiano

y presentación de Javier Gálvez S.


Introducción


Niccoló Macchiavelli (1469-1527)

 

La vida

 

Niccoló Piero Michele Machiavelli nació el 3 de mayo 1469 en Florencia, tercer hijo –después de las hermanas Primavera (1465) y Margarita (1468), y antes del hermano Totto (1475-1522)– de Bernardo (1432-1500) y de Bartolomea Nelli (1441-1496).

Su familia, desde el XIII siglo venía nombrada como una de las más importantes de Florencia. Sin embargo, la de su padre Bernardo, era, en la segunda mitad del XV siglo, una de las más pobres de la ciudad. Su padre tenía un título en leyes, conducía una vida frugal, ejercía el comercio menor, ocasionalmente se ocupaba de asuntos públicos con la Señoría y vivía parcamente administrando su pequeña propiedad en las cercanías de San Casciano, al norte de la ciudad. Se decía que era hijo ilegítimo, no obstante, logró alcanzar una buena cultura y obtener un título de estudio. Escribió un libro autobiográfico, titulado Libro de Recuerdos, que es la principal fuente de noticias sobre la juventud de su hijo Niccoló. Su madre, mujer pía y devota, escribió unas laudes sacras, perdidas, dedicadas igualmente a Niccoló. Las dificultades económicas empeoraron cuando a Bernardo, agobiado por las deudas, e insolvente, fue inhibido ejercer la profesión de abogado o cualquier otro oficio público.

La pobreza de su familia fue, por tanto, causa de su discontinua e incompleta formación escolar, compensada pero por su grande inteligencia y curiosidad. Fue, prácticamente, autodidacta, aprendiendo a conocer la literatura antigua únicamente a través de la lectura de algunos textos clásicos, en latín, que su padre tenía en la biblioteca de casa. No pudo estudiar el griego que, por tanto, no conoció.

A los siete años, en 1476, comenzó a estudiar el latín con diferentes y casi desconocidos maestros. Se conoce el nombre de uno de ellos, Mateo, con quien estudió el latín, luego estudió gramática con Batista Pioppi y, en 1480 aritmética. Alcanzó a dominar con bastante seguridad el latín, amando particularmente Tito Livio y Lucrecio, cuyos textos existían en la biblioteca paterna y que leyó ávidamente.

Niccoló era por tanto contemporáneo de Erasmo, pero no hay pruebas que los dos se hayan conocido cuando el holandés estuvo en Italia entre el 1506 y 1509. Y tampoco hay referencias, entre los escritos de Machiavelli, sobre la posibilidad que éste haya leído al menos una de las obras morales de Erasmo de las cuales traer inspiración para elaborar aquella que, posteriormente, se bautizó como filosofía de la política, legado último a la posterioridad del florentino.

Sus primeras expresiones en materia de política asomaron en una carta del 9 de marzo de 1498 dirigida a un amigo, el embajador Ricardo Becchi, a quien se había dirigido para obtener el reconocimiento de la propiedad de un terreno que su familia disputaba a los Pazzi. En esa carta se expresaba críticamente en contra de Girolamo Savonarola.

El 18 de febrero de 1498 dirigía una primera solicitud presentando la propia candidatura a la segunda Cancillería de la República Florentina (los Medici habían sido despojados del poder y expulsados en el año anterior), pero ella fue rechazada, prefiriéndole un candidato seguidor de Savonarola. Cuando, el 28 de mayo de ese mismo año, el monje fue ejecutado y quemado en la hoguera, en la Plaza de la Señoría en Florencia, ese cargo se rindió nuevamente disponible y Niccoló fue elegido por el Consejo de los Ochenta. Su elección fue ratificada por el Consejo Mayor el día 19 de junio, probablemente gracias a una recomendación del Primer Secretario de la República, Marcello Virgilio Adriani, que el historiador Pablo Giovio (1483-1552) asegura haber sido uno de sus maestros de latín. En ese momento Niccoló tenía veintinueve años.

Asumiendo el cargo Niccoló abandonó los estudios de leyes, dando un gran dolor al padre, que soñaba para su hijo un futuro exitoso como profesional, y a la madre, que también tenía sus planes: quería hacer de él un sacerdote. Por lo contrario, Niccoló, exaltado por las lecturas de Svetonio, Tito Livio y Tácito, fue cautivado por el interés a la política y a ella quiso dedicar toda su vida. Por los siguientes catorce años participó en primera persona a todos los más importantes acontecimientos políticos de su ciudad, formando su pensamiento en una materia, nueva para esos tiempos, que fue la filosofía de la política.

El cargo de Secretario de la Segunda Cancillería de la República florentina, implicaba estar en contacto constante con el Gonfaloniere, con los magistrados y con los embajadores, por lo que, con el tiempo, desempeñando tal cantidad de altas responsabilidades con total éxito, Niccoló fue calificado históricamente como el Secretario florentino.

En esos tiempos la ciudad de Pisa se había independizado quedando fiel a los Medici y aleándose con Venecia que trataba de defenderla. Para estudiar la situación Niccoló fue enviado en marzo de 1499 a Pontedera, donde acampaban las milicias alistadas para la reconquista de la ciudad y, de vuelta a Florencia escribió su primer importante reporte a los Diez, el Discurso sobre la guerra de Pisa, sosteniendo la necesidad de tomar Pisa “o por sitio o por hambre o por expugnación, con bombardeo de sus muros”. En su relato Niccoló no se limitaba solamente a sugerir estrategias militares, sino medidas psicológicas para que en breve tiempo la ciudad pudiese ser tomada “en cuarenta o cincuenta días… y no solamente sacar quien quiere salir de ella, sino premiar a quien se resiste, para que salga… dar salvoconductos a quien quiera escapar de la ciudad, mujeres, niños, ancianos… y así los pisanos, vaciados por adentro de sus defensores, derrotados por los tres lados, en tres o cuatro asaltos sería imposible que resistan”.

En julio de ese año venía enviado donde la condesa Catalina Sforza Riario, sobrina de Ludovico el Moro (famosa por haber mostrado el vientre desnudo ante sus súbditos rebeldes que amenazaban matarle los hijos, gritando: “Tengo cómo hacer más”), para tratar de lograr su apoyo en la guerra contra Pisa. Mas la condesa, empeñada en ayudar a su tío en la defensa de Milano en contra del rey francés Luis XII, no pudo acceder a la invitación de Florencia transmitida por su joven embajador.

Cuando Niccoló hizo retorno a Florencia, en agosto, mostró por la primera vez su personal manera de interpretar los hechos, aun trágicos, independientemente de cualquier juicio de mérito sobre la ética, cuando estos se referían a circunstancias políticas. La guerra con Pisa pareció llegar a su final, habiendo la artillería florentina logrado abrir una brecha en la muralla pisana, pero el comandante de las tropas mercenarias, Pablo Vitelli, no supo aprovechar de la favorable circunstancia demorando mucho tiempo y teniendo sus tropas diezmadas por la malaria, fue obligado a levantar el asedio. Acusado de traición por los florentinos fue condenado a muerte y decapitado. El comentario de Niccoló, expresado en una carta del 11 de octubre de 1499 dirigida a un canciller de Lucca, que había manifestado su contrariedad por la condena, fue el siguiente: “…o por no haber querido, siendo corrupto, o por no haber podido, no teniendo más tropas, han surgido por su culpa una infinidad de males a nuestra empresa, y merece, por el uno u el otro error, o ambos, si cabe, infinito castigo”.

Para resolver la cuestión pisana los florentinos pidieron ayuda al rey francés, que envió tropas mercenarias junto a las suyas. A mitad de julio del 1500 la guerra pareció resuelta cuando las murallas de Pisa fueron nuevamente derrumbadas, pero ni franceses, ni mercenarios entraron en la ciudad, antes, levantaron el asedio quejándose de no haber recibido el sueldo, de hecho las cajas de la república florentina estaban vacías y no había cómo satisfacer las exigencias de los soldados, que tomaron rehén al comisario florentino Luca degli Albizzi y lo liberaron sólo después de haber cobrado un fuerte rescate.

A Florencia no le quedó más que enviar a Niccoló, que había en el entretiempo estudiado y aprendido el francés, donde el rey de Francia para conseguir, por fin, la ayuda necesaria para conquistar la ciudad de Pisa. Machiavelli, y su séquito, llegaron a Francia en agosto del 1500 y de inmediato se entrevistó con el rey a quien pidió de intervenir, prometiendo, pero, de cumplir con los pagos al término de la conquista.

Los franceses rechazaron la propuesta, antes, amenazaron de romper la alianza. Los florentinos se encontraron así en dificultades, pues las rebeliones de otras ciudades toscanas y las iniciativas de Cesar Borja, el Valentino, en el centro-norte de Italia agudizaban las tensiones. Era necesario pagar. Machiavelli envió a Florencia su reporte el 21 de noviembre, recomendando la oportunidad de mantener buenas relaciones con Francia para guardarse de las “maquinaciones del Papa” y pidiendo el pago inmediato de la cuenta pendiente. Recibida la suma y cumplida su misión, Niccoló volvió a Florencia el 14 de enero de 1501.

Esa larga experiencia francesa le inspiró las notas De natura Gallorum, en las que, sin medios términos, describe los galos como “humildes en la mala suerte… insolentes en la buena… ávidos más de sangre que de dinero… vagos y ligeros… con una baja opinión de los italianos…”, notas que revelan una vez más su despreocupada ligereza en los juicios sobre las demás gentes.

En otoño del 1501, a los treinta y dos años, Niccoló se casaba con Marietta Corsini, una joven de modesta origen, con quien tendrá bien siete hijos: Primerana, Bernardo, Lodovico, Guido, Piero, Baccina y Totto.

Las amenazas de Cesar Borja se concretaron en el otoño de ese mismo año. Aunque frenado más veces por los franceses, logró adueñarse de gran parte de Toscana y Umbria. Machiavelli fue enviado, junto con el obispo de Volterra, Francesco Soderini, hermano de Pier, el Confaloniere, a mediar con el Valentino. Éste, al recibirlos, el 24 de junio de 1502, ordenaba a los dos esterrefactos embajadores que Florencia cambiase gobierno, so pena de ganarse su enemistad.

Frente a la dramática situación, el Consejo de los Diez, considerando Pier Soderini como el hombre más idóneo y capaz para enfrentar esos difíciles momentos, lo nombró Gonfaloniere vitalicio. El primer acto de Soderini fue el de encomendar a Machiavelli una nueva misión donde el Valentino, quien, oficialmente comandante de las tropas pontificias, estaba tratando de enlazar una nueva amistad con los franceses. El objetivo de Florencia, tradicional amiga de los galos, era de esquivar una embestida militar a la que no estaba preparada.

Sin embargo, Machiavelli había quedado fascinado con Cesar Borja desde su primer encuentro. El 26 de junio, volviendo de su primera entrevista con el Valentino, escribía, en su relato a los Diez: “Este señor es muy espléndido y magnífico, y con las armas es tan audaz que no hay empresa tan grande que no le aparezca pequeña; y para ganar gloria o Estados nunca descansa ni conoce fatiga o peligro; llega a un lugar antes que, a la partida, pueda entenderse hacia donde se dirige; se hace querer por los soldados; ha reclutado los mejores hombres de Italia; cosas que lo han vuelto victorioso y formidable, a lo que se suma una constante fortuna”.

Machiavelli se encontró con Cesar Borja, que en ese momento tenía veintisiete años (era de seis años más joven que él), el 7 de octubre de 1502 en Imola, y desde ese momento, por los siguientes tres meses, lo siguió durante todas sus campañas militares conquistado por la personalidad y la audacia del joven capitán. Con él estuvo, el primero de enero de 1503, dos horas después que el Valentino había hecho estrangular a traición cuatro de sus lugartenientes, sospechosos de deslealtad, reportando en una carta del 8 de enero a la Señoría, las palabras sabias y cariñosísimas del Valentino hacia Florencia, solicitando a su Gobierno de alearse con él para dominar Umbria. En el sucesivo mes de agosto Machiavelli escribía un relato, en forma de breve cuento, titulado Descripción del modo tenido por el Duca Valentino para matar a Vitellozzo Vitelli, Oliverotto da Fermo, Pagolo y el Duca de Gravina Orsini, en el cual no disimulaba su admiración por los rudos métodos del Comandante.

Al mismo período pertenece un breve ensayo dirigido a los Diez, sobre el trato que se debía reservar a las ciudades rebeldes: Del modo di trattare i popoli della Val di Chiana, ribellati (Del modo de tratar a los pueblos de la valle del Chiana, rebeldes) en el que traza por primera vez un esbozo acerca de sus conceptos sobre el manejo del poder, criticando, además, la forma, equivocada (para él) con la que Florencia había tratado en anterioridad a esas ciudades: “… los romanos juzgaron diferentemente los diferentes pecados de esas ciudades […] así creo bien juzgado que a Cortona, Castiglione, Borgo y Fogliano se hayan mantenido los capítulos, hayan sido alabados, y habéis tratado de tenerlos como aliados con beneficios […] pero no admito que los aretinos, parecidos a los veliternos y los anciates (Veio y Ancio, ciudades rebeldes que los romanos aniquilaron o debilitaron, nda), no hayan sido tratados como aquellos. […] Los romanos pensaban que los pueblos rebeldes se debían beneficiar o apagar y que cualquier otra vía era peligrosísima…”

Florencia, a finales de 1502, decidió enviar donde el Valentino un embajador de carrera, de tal manera que Niccoló, terminada su misión, volvía a casa el 20 de enero del nuevo año.

La muerte repentina del Papa Alejandro VI, acaecida el 18 de agosto de 1503, dejó al Duca Valentino desamparado políticamente y privado de los recursos financieros para seguir con sus ambiciosos proyectos. En vista del Conclave que elegiría Papa Julio II, Machiavelli fue enviado a Roma como observador, el 24 de octubre. En esta ocasión volvió a ver por última vez a Cesar Borja, de quien pronosticó la futura ruina. El 18 de diciembre volvió a Florencia para conocer a su segundo hijo, que había nacido veinte días antes.

Pero no había tiempo para descansar. La fortuna de Francia en Italia recibió un grave revés cuando el ejército español conquistaba el reino de Nápoles. Florencia se veía debilitada, acosada ahora por los españoles, el papado, Venecia y por sus vecinos, Siena y Pisa. Ocurría consultar a su principal aliado, el Rey francés Luis XII sobre las siguientes movidas. Para ello Machiavelli fue enviado donde el aliado galo para “ver, con tus ojos, las provisiones que se tomarán y relatarlas inmediatamente, con comentarios y juicio tuyo”.

El 22 de enero del 1504 se encontraba en Milán con el ministro Charles d’Amboise y, cinco días más tarde, en Lión para entrevistarse con el rey francés. Recibida la reafirmación de su alianza con Florencia, Machiavelli volvió a Florencia teniendo en mente dos proyectos, el uno literario al cual estaba trabajando desde hacía tiempo, y el otro político que había madurado en su mente en los últimos tiempos.

Con relación al primero, en este período terminaba la escritura de su primer Decenal, la crónica de los más importantes hechos acaecidos en Florencia en los últimos diez años. La obra fue escrita en versos, al estilo de un poema, en tercetos.

El segundo proyecto tenía que ver con una realidad propia de los últimos siglos de la edad media. Machiavelli había constatado que el empeño de tropas mercenarias no podía más ser confiable en un contexto social, político y cultural profundamente cambiado respecto a los tiempos pasados. La fallida conquista de Pisa, intentada más veces en los últimos años, era la prueba irrefutable de ello. En el otoño del 1505, ante un nuevo fracaso para conquistar la ciudad enemiga, escribió al Gonfaloniere Soderini sugiriendo la idea de constituir una milicia nacional conformada por jóvenes del propio país en los cuales la Señoría pudiese confiar. La idea gustó al Gonfaloniere que, aunque con la desconfianza de la mayoría de los notables de la ciudad, encargó a Machiavelli de moverse para realizar su proyecto. Este viajó por toda la Toscana para reclutar jóvenes patriotas y, finalmente, el 15 de febrero de 1506, la nueva milicia nacional, adiestrada a la “tedesca”, desfilaba ante sus ciudadanos. Machiavelli había alcanzado el auge de su popularidad: el Gonfaloniere no tomaba alguna decisión sin consultarlo.

Luego de la paz firmada con Francia, en octubre de 1505, España había tomado definitivamente posesión del Reino de Nápoles. Los pequeños estados de la península esperaron, a este punto, las movidas de Papa Julio II, el Terrible, conocido como el Papa guerrero, que quería reafirmar el predominio de la Iglesia en Italia central. El Papa pidió a Florencia de participar con él en la guerra que iba a lanzar en contra de Bolonia. Era un gesto desafiante, pues Bolonia era aliada de Francia, así como era Florencia. Para estudiar la situación, y también ganar tiempo, Soderini envió Machiavelli donde el Papa, que lo recibió el 27 de agosto de 1506 en Nepi, una localidad al norte de Roma, donde el Pontífice estaba organizando su ejército para la incipiente guerra.

El Papa aseguró a Machiavelli de tener el apoyo de Francia, por lo que este último prometió a su vez el apoyo de Florencia, pero sólo después de la llegada de las tropas francesas. En los siguientes dos meses Niccoló siguió el Papa en sus conquistas de Perugia y Bolonia. En la primera ciudad el Papa entró sin combatir alguna batalla, pues el Señor de la ciudad, Gianpaolo Baglioni, entregó la ciudad, fuertemente criticado por el mismo Machiavelli; en la segunda ciudad, después de unas breves escaramuzas, el ejército pontificio, las tropas francesas, recién llegadas, y las florentinas, entraron triunfalmente, el 11 de noviembre, al mando de Marcantonio Colonna, capitán pontificio.

Machiavelli, vuelto a Florencia, se ocupó de la organización de la milicia ciudadana que, el 6 de diciembre, tenía ya sus oficiales.

El nuevo año 1507 se abría con nuevas amenazas procedentes del emperador alemán Maximilian I, “Rey de los Romanos”, el primer emperador elegido sin la consagración papal, que amenazaba bajar a Italia para restablecer el orden en la península y llegar a Roma para hacerse coronar por el Papa “Emperador del Sacro Romano Imperio”.

Los florentinos pensaron mantener buenas relaciones con el Emperador y para ello enviaron donde él, en junio de ese año, el embajador Francesco Vettori y, e 17 de diciembre, el mismo Machiavelli. El Emperador pretendía, para garantizar su amistad y reconocer la independencia de Florencia, que la ciudad contribuyese a los gastos militares, pero, mientras se discutían estos requerimientos, el 11 de enero de 1508 las tropas alemanas fueron duramente derrotadas por los venecianos, lo que obligó el Emperador a retirarse y abandonar sus propósitos. Machiavelli, terminada su misión, volvió a Florencia en junio de ese año.

De esta experiencia maduraron tres ensayos centrados sobre su informe acerca de sus coloquios con el Emperador: el Reporte sobre las cosas de la Magna, dirigido a sus superiores el día siguiente a su retorno a la ciudad. Al Reporte siguieron dos re-elaboraciones sobre el mismo tema en forma literaria: el Discurso sobre las cosas de la Magna y sobre el Emperador escrito en septiembre del siguiente año 1509 y, más tarde, en 1512, un nuevo ensayo, el Retrato sobre las cosas de la Magna, nueva re-elaboración sobre el primer Reporte. Machiavelli trazaba, con una obra que representa la primera y novedosa muestra del análisis político de un país extranjero, a la manera de los modernos reportes diplomáticos, un retrato completo de la Alemania de esos tiempos relevando las razones de su potencia (“abunda de hombres, de riquezas y de armas”), pero, al mismo tiempo, los motivos de su debilidad interna (la división política de Alemania en muchos estados). 

En el verano de 1508 Florencia, decidida a cerrar la cuestión pisana, mandó Machiavelli a reclutar nuevos soldados “nacionales” en la campiña republicana. En agosto las nuevas levas estaban presentes en el asedio de la ciudad rebelde. Pisa resistió como pudo hasta mayo del siguiente año, fecha en la que Machiavelli cumplía cuarenta años. Luego, sin más aliados, sin víveres y sin agua, en el mes de junio fue conquistada por la superioridad bélica de los florentinos que, gracias a Machiavelli, habían podido reunir nuevas y numerosas tropas. El 8 de junio Niccoló entraba en Pisa, triunfante, con los comisarios florentinos.

Las fortunas de Machiavelli, que había logrado mantener alto su prestigio por más de diez años y habían llegado a su acmé con la toma de Pisa, volvieron hacia abajo cuando también las del aliado francés, el rey Luis XII, comenzaron a declinar. Luego del pacto de alianza de Cambrai, firmado el 10 de diciembre de 1508, Francia, España, el Imperio y el Papa agredían Venecia que, como hemos recordado en el capítulo dedicado a Erasmo de Rótterdam, devolvía las ciudades que en anterioridad había conquistado y firmaba una paz separada con el Papa, al mismo tiempo que lograba, con el apoyo de todas las ciudades vénetas, repeler la invasión del ejército imperial, que se retiraba a Alemania.

Inmediatamente después, Julio II, con un cambio inesperado y sorprendente de estrategia, estipulaba con la ciudad lagunar una alianza, la Lega Santa, que tenía el objetivo de frenar la influencia política de Luis XII en Italia. El rey francés, despechado, reaccionó convocando para 1511, con el apoyo de Florencia, Mantua, el tercer marido de Lucrecia Borja y nueve cardenales opositores del Papa, un Concilio en la ciudad de Pisa recién conquistada, para destituir al pontífice.