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Claudia Steiner

Imaginación y poder

El encuentro del interior
con la costa en Urabá, 1900-1960

2.ª edición

Clío

Universidad de los Andes - Ediciones Uniandes

Editorial Universidad de Antioquia®

Colección Clío

© Claudia Steiner

© Universidad de los Andes - Ediciones Uniandes

© Editorial Universidad de Antioquia®

ISBN: 978-958-714-858-9

ISBNe: 978-958-714-859-6

Segunda edición: abril del 2019

Primera edición: 2000

Motivo de cubierta: José Alejandro Restrepo Hernández (1959- ), Musa paradisiaca 1/3, 1996. Ensamblaje (Impresión fotográfica enmarcada en tallos secos de plátano). 155,6 x 129,4 x 29 cm. Colección Museo Nacional de Colombia, reg. 7953. Foto: © Museo Nacional de Colombia / Nicolás Consuegra

Hecho en Colombia / Made in Colombia

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Prefacio a la segunda edición

La primera vez que visité Urabá fue en 1987. Como investigadora del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (cid) de la Universidad Nacional, hice parte del grupo evaluador del Programa de Economías Campesinas (pec) que se llevaba a cabo en la región, financiado por el gobierno de los Países Bajos. Recuerdo la emoción que me produjo observar desde el pequeño avión los inmensos cultivos de banano y el espectacular golfo, pero, sobre todo, visitar una zona acerca de la cual conocía muy poco. En ese entonces las noticias de prensa sobre Urabá hablaban, en general, de los conflictos entre los sindicatos de trabajadores y las empresas bananeras. Durante dicha visita y gracias a las posibilidades que tuvimos de viajar por varios lugares, algunos de ellos bajo el control de los grupos guerrilleros allí presentes, fue posible percibir una vida que iba más allá del banano, del conflicto y de la violencia. Hice una serie de entrevistas que me sirvieron para presentar un proyecto de investigación al Banco de la República sobre cultura y colonización en Urabá y así continuar viajando a la región. La última vez que estuve en Urabá fue en 1991, cuando el grupo guerrillero Ejército Popular de Liberación (epl) entregó las armas. En Bogotá, sin embargo, continué revisando algunos archivos y documentos con el fin de terminar la investigación.

En 1996 viajé a la Universidad de California en Berkeley para hacer mis estudios doctorales gracias a una beca concedida por el Centro de Estudios Latinoamericanos. La primera edición de este libro (publicado por la Editorial Universidad de Antioquia en el 2000) la terminé de escribir allí, y siempre sentí que se había publicado antes de tiempo. Estudiando en Berkeley tomé una serie de cursos e hice varias lecturas que seguramente habrían podido enriquecerlo. Sin embargo, en esos momentos mis intereses investigativos ya habían cambiado, de manera que me sentí muy honrada con la propuesta de la Universidad de Antioquia de publicar el resultado de un trabajo de varios años. A mi regreso a Colombia en 2002, pensé que podría volver a Urabá y escribir mi tesis doctoral, que entonces giraba en torno a la relación entre la forma en que se entrelazaban las narrativas históricas con las memorias de épocas de violencia en las zonas de conflicto. De hecho, utilicé algunas partes de la investigación para mi disertación, con una perspectiva diferente. Pero la situación en Urabá había cambiado de manera dramática.

Cuando realicé mi trabajo de campo en Urabá, la región estaba dominada por el epl que, a la vez, se disputaba el control con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (farc). La presencia de grupos paramilitares y de narcotraficantes era permanente durante esos años y solo recuerdo pocos días en los que no presencié o escuché sobre muertes violentas en los pueblos que visitaba. Sin embargo, cuando regresé al país, el control de la región lo tenían los grupos paramilitares. Por razones tanto personales como laborales, no regresé a Urabá, aunque desde mi posición como profesora de antropología en la Universidad de los Andes, leí varias tesis de estudiantes y algunos trabajos sobre la región que me dieron la posibilidad de seguir al tanto, de alguna manera, de los cambios que allí se daban. Entre estos trabajos debo destacar la tesis de pregrado de Patricia Madariaga, posteriormente publicada por la universidad (Matan y matan y uno sigue ahí. Control paramilitar y vida cotidiana en un pueblo de Urabá, 2006), la cual me permitió conocer la dimensión de dicho cambio.

Al igual que en otras regiones del país, se había establecido una pax paramilitar. El deseo de paz y orden, tanto de los campesinos como de la gente de los pueblos, después de los excesos cometidos por las guerrillas o por el ejército, había resultado en otra forma perversa de control. Como pude observar tanto en la tesis de Madariaga como en otros trabajos publicados después, la autoridad armada de los paramilitares permeaba hasta las más íntimas esferas de la vida privada y cultural de las comunidades. Si bien el epl se había reinsertado a la sociedad como grupo legal (Esperanza, Paz y Libertad), la posibilidad de hacer política en una región en donde por años la lucha por el control del territorio entre los armados había llevado a una violencia desalmada entre todos ellos, no era tarea fácil. Los vínculos de los antiguos guerrilleros del epl con los grupos paramilitares, tanto de Córdoba como de Urabá, llevaron al establecimiento de nuevos poderes y de nuevas alianzas. Pero también a un aumento de las masacres como nueva modalidad ejercida por los violentos.

Casi veinte años después de su publicación, pienso que la virtud de este libro radica en la época en que realicé la investigación. A finales de los años ochenta, eran pocos los investigadores que iban a Urabá, aunque existían ya algunos trabajos importantes sobre la colonización en la región, que están citados en la Bibliografía. Durante esos años algunos académicos fueron amenazados y, en otras regiones de Colombia, también asesinados, circunstancia que limitaba el trabajo de campo en el país. Urabá era, sin duda, un lugar difícil, en donde hacer entrevistas era casi imposible. Desplazarse por sus pueblos era también algo complicado en ese entonces. Tuve la gran suerte de contar con el apoyo de algunas de las instituciones locales y de colegas que en ocasiones también estuvieron allí. Creo que las entrevistas que realicé a personas, generalmente ya mayores, que habían llegado como colonos al final del periodo de la Violencia (aproximadamente a mediados de los años cincuenta), le dan una riqueza inmensa al libro. Solamente en un país tan cercano a la violencia política y social sería posible que un periodo de su historia se llamara La Violencia, así, con mayúsculas. Una “época” a la cual casi todos los entrevistados hacían referencia como parte importante de sus vidas. Las conversaciones con ellos fueron la principal fuente para conocer la historia de la región y para plantear el tema central de esta investigación: la compleja relación entre Urabá y Antioquia desde comienzos del siglo xx. Fue gracias a las entrevistas y a las visitas realizadas a diferentes pueblos, que me enteré de historias de la colonización en la zona, de las afinidades regionales de sus habitantes y de sus percepciones sobre la forma en que se había constituido la región. Todas estas historias también las pude vivir de nuevo en los archivos que revisé.

Varios libros y estudios han dado cuenta de la historia reciente de Urabá. De manera comprensible, casi todos hacen referencia a la violencia en la región durante las décadas del ochenta y el noventa, contribuyendo con aportes importantes para comprender los conflictos, así como para llamar la atención sobre la situación de los grupos sociales más vulnerables. Sin embargo, por los temas que abordan, pocos han hecho un análisis profundo sobre la historia de la región antes de los años sesenta y su relación con la política antioqueña durante el periodo de la Violencia. El libro de Mary Roldán, A sangre y fuego. La violencia en Antioquia, Colombia, ١٩٤٦-١٩٥٣, publicado por el icanh en el 2003, es quizá la investigación académica más completa sobre la historia política de Urabá durante ese periodo.

La posibilidad de conocer la historia de la guerrilla del epl, tanto en Córdoba como en Urabá, de estar en sus campamentos y, más importante aún, de entender la forma como los habitantes campesinos de las zonas de conflicto se relacionaban con este grupo armado, la tuve gracias a la invitación que me hizo Gloria Triana, entonces directora de comunicaciones de Colcultura (posteriormente Ministerio de Cultura), para participar en las Jornadas de Cultura Popular realizadas conjuntamente con el Plan Nacional de Rehabilitación (pnr). Mi percepción del trabajo de campo, a veces solitario y por momentos agobiante por lo que observaba, cambió cuando pude viajar por diferentes regiones del país con Gloria y con Bertha Quintero, también de Colcultura. Con ellas aprendí que los habitantes de las zonas de conflicto tenían siempre, a través de la música y el baile, un espacio para pequeñas alegrías en medio de la violencia, y que estas eran, en más de una ocasión, las vías a través de las cuales transmitían sus percepciones sobre la guerra.

A pesar de la tentación de ampliar algunos de los capítulos del presente libro y de incorporar gran cantidad de información sobre la historia de la región, que lo enriquecería enormemente, decidí no hacerlo. Esto habría significado embarcarse en una larga investigación tanto de campo como de archivos, que demandaría gran dedicación. Es de esperar que historiadores o antropólogos de una nueva generación, con mejores herramientas de investigación y con mayores posibilidades de realizar trabajo de campo por largos periodos, retomen los textos que menciono en este libro, así como los publicados posteriormente y que no aparecen en él. Urabá, así como el país, ha cambiado en estos veinte años. Algunos de los pueblos que menciono en el libro ya son en la actualidad ciudades con carreteras que los vinculan con el resto del país. El sueño antioqueño de la carretera al mar se cumplió y hoy en día esta es una vía importante que une Antioquia con Córdoba. Si bien los problemas de la región parecen ser otros, y nombres que aparecían durante el periodo de mi investigación como lugares de conflicto armado se ven ahora enfrentados a situaciones distintas, mirarlos históricamente sigue siendo importante.

Sin duda, el país tiene aún deudas enormes con Urabá y con todas las víctimas de un largo conflicto armado. Espero que esta nueva edición del libro pueda contribuir en algo al conocimiento de la historia de una región que bien se lo merece.

En el libro se menciona cómo el golfo del Darién fue durante el siglo xix paso obligado de viajeros, científicos, aventureros y empresarios, buscando, casi siempre, posibilidades de riquezas en las exuberantes selvas y de vías para transportarlas. Si bien desde los viajes de Colón ya se planteaba establecer una conexión entre los dos océanos, en el siglo xix el deseo imperial se comenzó a ver como una posibilidad real. Varias expediciones por parte de Francia, Inglaterra y Estados Unidos se dedicaron a hacer mediciones y estudios topográficos en el Darién durante varios años. En un mundo ya globalizado, en donde el comercio y los transportes se habían incrementado de manera considerable, una ruta interoceánica abriría enormes posibilidades para el intercambio económico. Si bien los informes de dichas expediciones se ocupan, en general, de aspectos técnicos, en ocasiones contienen comentarios que nos permiten conocer la percepción de quienes visitaron el Darién. Varias de estas observaciones aparecen en la primera edición del libro, las cuales, espero, se vean reforzadas con la inclusión de algunas imágenes fotográficas de difícil acceso cuando realicé la investigación.

Entre estas están las fotografías de Timothy O’Sullivan y de John Moran. Ellos dos hicieron parte, como fotógrafos oficiales, de la expedición militar norteamericana al Darién (“The Darien Expedition”) dirigida por el Teniente Comandante Thomas O’Selfridge en 1870. El objetivo de dicha expedición fue encontrar la ruta para la construcción de un canal a través del Darién. Si bien las fotografías son principalmente de Panamá y del lado occidental del golfo, hay algunas pocas de Turbo que bien merecen la pena conocerse. Igualmente, he tenido la suerte de encontrar imágenes de importantes fotógrafos antioqueños quienes visitaron Urabá durante el periodo que abarca este libro. Mirar estas fotografías ha sido una experiencia invaluable para entender muchas de las representaciones sobre la región expresadas por los entrevistados y que aparecen también en los documentos revisados. A Esteban Duperly le debo un enorme agradecimiento por ayudarme a ubicar estas fotos y por compartir conmigo su conocimiento sobre la historia de la fotografía en Antioquia.

Para quienes hemos hecho trabajo de campo y luego indagado en los archivos, encontrar en los documentos las historias relatadas en las entrevistas es una de las partes más emocionantes del proceso de investigación. En ocasiones, tan solo ver una carta escrita por alguno de los personajes sobre el que escuchamos hablar, mirar su firma o encontrar una mención sobre algún evento, nos lleva de nuevo a recordar a quienes, con paciencia, relataron historias que en ocasiones creímos inverosímiles. Esos momentos fueron posibles en el Archivo General de la Nación, gracias a la incomparable ayuda de Mauricio Tovar.

No deja de ser irónico que el fruto de una planta, con uno de los nombres científicos más hermosos y poéticos, Musa paradisiaca, se convirtiera en el causante de conflictos políticos y sociales en varios países latinoamericanos. En Urabá, durante varias décadas, la difícil relación entre las empresas y los sindicatos de trabajadores del banano fueron parte importante del conflicto que allí se vivió. Pocas representaciones sobre el papel del banano en la historia de la violencia política en Colombia han alcanzado el impacto que logra la obra del artista José Alejandro Restrepo. La primera vez que vi la instalación Musa paradisiaca en 1996 me sorprendió encontrar los mismos temas sobre los cuales yo me preguntaba acerca del conflicto en Urabá. En su obra, a partir del poético nombre del banano —el cual nos debería llevar al paraíso a través de la representación idealizada en el grabado del viajero y científico Saffray en el siglo xix—, Restrepo nos desvía hacia su antítesis: el infierno que se vivía entonces en Urabá es mostrado por medio de imágenes de televisión en donde las masacres parecen descender de racimos de banano.

Pero esa versión idealizada por Saffray e intervenida por el artista es quizás la que más se acerca a la intención que tuve al escribir este libro: mostrar la forma como Urabá fue imaginado desde comienzos del siglo xx para promover la colonización que integraría a la región con el interior del país. No me queda más que agradecer a José Alejandro Restrepo y al Museo Nacional por permitirme utilizar la Musa paradisiaca en la portada de esta nueva edición del libro.

Reitero mis agradecimientos a Darío Fajardo y a Carlos Federico Espinal, a quienes debo el comienzo de mi vinculación a Urabá; lo mismo que a Gabriel Restrepo y a la financiación de la Fundación para la Promoción de la Investigación y la Tecnología del Banco de la República, por el estímulo para continuar con la investigación. El optimismo de Patricia Londoño en las posibilidades de este trabajo logró convertir una investigación que inicialmente trataba sobre la historia de la colonización en Urabá, en un estudio más amplio cuya conclusión es este libro que hoy se vuelve a editar.

En el curso de la investigación estuve vinculada a instituciones que me permitieron dedicar parte de mi tiempo a ella: la Universidad Nacional de Colombia de Bogotá, la Universidad de los Andes, el icanh y la Universidad de California en Berkeley. Gracias a esta última, también tuve la suerte de conocer al profesor James Parsons, quien compartió conmigo sus extensos conocimientos sobre Antioquia y Urabá. Tanto en Medellín como en Urabá, la Corporación para el Desarrollo de Urabá (Corpurabá) fue un sitio amable donde la permanente cooperación de sus funcionarios facilitó el trabajo y permitió conocer personas y lugares a los que de otra manera habría sido imposible acceder.

Un agradecimiento especial les debo a Laura Adiela Arenas y a Rodrigo de Jesús García, gracias a su familiaridad con los archivos históricos y su permanente curiosidad e interés por el proyecto pude obtener información invaluable. Los mapas, elaborados para la primera edición por Victoria Zaldua, fueron dibujados inicialmente por Daniel Sanabria; algunos se conservan en esta edición. Agradezco también a Claudia Leal por su ayuda en este sentido, y a Fabiola Quiñones por la difícil labor de transcribir las entrevistas.

No es una exageración decir que las virtudes que este libro pueda tener son producto de la dedicación y el cuidadoso trabajo archivístico y de revisión de Yenny Caicedo, quien infortunadamente no alcanzó a ver esta nueva edición. Las deficiencias, por supuesto, son todas responsabilidad mía.

Finalmente, debo mencionar que la idea de esta nueva edición resultó a partir de sugerencias de antiguos alumnos, tanto de la Universidad de los Andes como de la Universidad Nacional, quienes, seguramente con mucha paciencia, me escucharon durante las clases hacer referencia al trabajo de campo en Urabá y a los planteamientos que hago en el libro. Varios de ellos hoy en día trabajan en temas relacionados con la investigación que allí desarrollé y les agradezco su interés después de tantos años; igualmente, agradezco a Patricia Correa por sus pertinentes consejos al leer cuidadosamente la primera edición. De no ser por el entusiasmo de Julio Paredes, editor general de Ediciones Uniandes, y el apoyo y el trabajo editorial de la Editorial Universidad de Antioquia, esta nueva edición no habría sido posible. Por último y de nuevo, veinte años después, la Editorial Universidad de Antioquia me honra con su participación en esta coedición.