CURSO DE
APNEA
Umberto Pelizzari – Stefano Tovaglieri
Título original: Corso di apnea
Revisión técnica y adaptación: Olivier Herrera
Traducción: Gabriela Real Hardisson
Ilustraciones: Carlos Páramos
Diseño de cubierta: David Carretero
© 2017, Umberto Pelizzari
Stefano Tovaglieri
Editorial Paidotribo
http://www.paidotribo.com
E-mail: paidotribo@paidotribo.com
4ª reimpresión de la 1ª edición
ISBN: 978-84-8019-782-3
ISBN EPUB: 978-84-9910-875-9
BIC: WSSC1
Fotocomposición: Bartolomé Sánchez de Haro
AGRADECIMIENTOS
La realización de este manual ha sido posible gracias al proyecto original de crear una escuela de formación y de investigación de apnea subacuática, llamada Apnea Academy, a la que han contribuido: Renzo Mazzari, Marco Mardollo, Prof. Luigi Magno (Médico hiperbárico), Prof. Luigi Odone (Psicólogo), Dr. Nicola Sponsiello (Dietólogo), Dr. Angelo Azzinari.
Además de las personas citadas, fundadores de Apnea Academy, este libro ha sido realizado gracias a la colaboración de: Dr. Carlo Besnati, Dr. Stefano Correale (Médico ORL), Dr. P. De Ferrari, Prof. Mauro Ficini (Médico hiperbárico), Dr. Lorenzo Manfredini (Psicoterapeuta), Dr. Pierpaolo Martini, Sandro Sola, Francesca Strologo (Logopeda), Dr. A. Tedeschi, Paola Traldi, Ing. Davide Zanatta.
Un especial agradecimiento a todos los Instructores de Apnea Academy que, con el trabajo desarrollado durante los cursos, nos han permitido recoger y sintetizar parte de la experiencia expuesta en estas páginas.
Una particular mención al Dr. Umberto Berrettini por el asesoramiento médico-científico.
AGRADECIMIENTOS DE LA EDICIÓN EN CASTELLANO
A Aurora Santana Arocena (Bióloga) y, en una mención especial, a Elena Bordón Iglesias, cuyas sugerencias sobre el léxico resultaron de un valor inexpresable.
A Javier Sánchez-Pinto y Brabyn (obstetricia y ginecología), Ibrahim Trujillo Bencomo (odontología), Rosa Bordón Iglesias (medicina general), Manuel González Beltrán, Cristina Fragoso Roig, Orlando Mixsub y Walter Herzog por las puntualizaciones hechas en torno al vocabulario.
A Andrés Payo García (Ciencias del mar) que, aún de viaje por la Macronesia, alcanzó en el último momento a disipar algunas de nuestras dudas.
A los canarios Paco González Castro, Nicolás Sosa García y Fernando Febles Armas, apasionados apneístas, plusmarquistas nacionales y miembros del equipo español en varias ediciones de los campeonatos mundiales, instructores o simpatizantes de Apnea Academy.
A los apneístas de Santa Teresa por su pasión y amor a la naturaleza.
ÍNDICE
PRÓLOGO
PRESENTACIÓN
INTRODUCCIÓN. En apnea a través de la historia
Los orígenes de la apnea: del mito a la historia
La historia de los récords: el primero fue un pescador griego
La apnea femenina
Las especialidades
PRIMERA PARTE
ANTES DE ENTRAR EN EL AGUA
Capítulo 1 – ACERCARSE A LA APNEA
1.1La primera regla. Verificar las condiciones psicofísicas
1.2De las gafas al lastre: cómo elegir el equipo
Breve historia de la máscara
Ponerse el traje de buceo
Instrumentos
Otros accesorios
Capítulo 2 – ADAPTACIÓN DEL CUERPO AL AGUA
2.1La física de la inmersión
2.2El ciclo del oxígeno
Aparato cardiovascular
Ciclo cardíaco
Aparato respiratorio
2.3Ver bajo el agua
2.4El calor
Capítulo 3 – ADAPTACIÓN DEL CUERPO A LA APNEA
3.1Naturaleza acuática del hombre
3.2El reflejo de inmersión
3.3El blood shift
3.4Oído, nariz y boca
Prevención e higiene
Los tapones Doc’s Proplug
Controles periódicos
SEGUNDA PARTE
EL ARTE DE NO RESPIRAR
Capítulo 4 – RESPIRAR Y RELAJARSE
4.1Estrés, ansia y aburrimiento
¿Qué le sucede a nuestro organismo cuando estamos ansiosos?
Conocer el estrés para evitarlo
Las causas del estrés en apnea
4.2Técnicas de respiración
Mejorar la elasticidad de la caja torácica
Ejercicios para mejorar la capacidad elástica de la caja torácica (articulaciones vertebrocostales y esternocostales)
Técnicas de respiración yóguica
Ejercicios para aumentar la sensibilidad respiratoria
El pranayama
La respiración diafragmática
La carpa
4.3Técnicas de relajación
Efectos psicológicos de la relajación y efectos fisiológicos
Relajarse
Cómo relajarse
Entrenamiento mental y apnea
Relajación con los colores: Katabasis
Capítulo 5 – RELAJADOS BAJO EL AGUA
El coco, el coral y el agua, una historia con algo zen
5.1Apnea estática
Reloj sí, reloj no
5.2Apnea dinámica
5.3Apnea profunda
TERCERA PARTE
HACERSE APNEÍSTA
Capítulo 6 – EL ALETEO
6.1Análisis biomecánico del aleteo
Ejes y planos del cuerpo humano
6.2El aleteo ideal
Velocidad y peso constante
6.3Formas de aletear
6.4Los errores del aleteo
6.5La monoaleta
Ejercicios preparatorios para la monoaleta
Ejercicios a cuerpo libre
Ejercicios con aletas cortas
Ejercicios con las aletas de apnea
Ejercicios con la monoaleta
Capítulo 7 – LA COMPENSACIÓN
7.1Maniobras de compensación
Técnica de Valsalva
Técnica de Marcante-Odaglia
Técnicas personales
7.2Uso del diafragma en la compensación
7.3Gimnasia tubárica
Para qué sirve la gimnasia tubárica
Ejercicios musculares
Cómo, cuánto y cuándo ejercitarse
La autoinsuflación
Advertencia
7.4Compensar la máscara
7.5Compensar en la cota límite
Resfriado, sinusitis y otros problemas otorrinolaringológicos
Capítulo 8 – LA FORMACIÓN EN PISCINA
8.1La natación
Estilo libre
Nadar estilo braza
Algunos consejos para nadar estilo braza
8.2Ejercicios a cuerpo libre
Respiración en el agua
Compensación en descenso vertical asistido
Braza submarina
Golpe de riñón recogido
Delfinetto
Recuperación de objetos
Ascenso a cuerpo libre
Apnea estática
Análisis de una apnea estática
Apnea en espiración parcial
Apnea en espiración total
Compensación forzada
Ejercicios de desplazamiento
Ejercicios de sostenimiento
8.3Ejercicios con el equipo
El lastre
Desenganche rápido del cinturón de plomo
Vaciado de la máscara
Los golpes de riñón
Vestirse en el fondo
Recuperación simulada de un compañero en apuros
Ascenso en dificultad
Apnea dinámica
Apnea vertical aleteando (manos en el fondo)
Traslación en el fondo
Apnea horizontal aleteando (manos en el muro)
Recorrido sumergido mixto: piernas y brazos
Stop and go
8.4Y ahora, juguemos con la apnea
Juegos para la apnea estática
Juegos para la apnea dinámica
Capítulo 9 – LA FORMACIÓN EN AGUAS LIBRES
9.1El planeta océano
9.2Los movimientos del agua
Escala anemométrica Beaufort
9.3Sumergirse en aguas libres
Análisis de una inmersión en el azul
9.4Recuperación del accidentado
9.5Juegos en apnea en mar abierto
Capítulo 10 – LA SEGURIDAD
10.1Peligros de la apnea
La hiperventilación
10.2Prevención
Plan de inmersión
Recomendaciones para el apneísta
10.3Las señales manuales
10.4Alimentación y protección contra el frío
Buenas reglas alimenticias
10.5Gestión de emergencia
Predisponer un plan de emergencia
Cómo actuar ante una emergencia en el mar
Primeros auxilios
Capítulo 11 – EL ENTRENAMIENTO DEL APNEÍSTA
11.1La preparación física del apneísta
La carrera
Cómo organizar el entrenamiento
La natación
Las pesas
El stretching: movilidad articular y elasticidad muscular
11.2El entrenamiento en el agua
Entrenar la apnea estática
Entrenar la apnea dinámica
Entrenar la apnea profunda
11.3Programación anual
11.4Valoración de los parámetros físicos de base
BIBLIOGRAFÍA
PRÓLOGO A LA EDICIÓN EN CASTELLANO
Cuando, hace diez años, leí que Umberto Pelizzari y Renzo Mazzari habían fundado Apnea Academy, no podía soñar que poco después llegaría a formar parte de su equipo ni que el primero me confiaría un día la revisión técnica y la adaptación de la traducción de su libro al castellano. Tampoco me hubiese atrevido entonces a imaginar que yo mismo podría organizar el Campeonato del Mundo en el que Umberto se retiraría de la alta competición logrando la victoria con Italia.
Desde la aparición de las primeras escafandras autónomas, el «buceo con botellas» ha experimentado un desarrollo muy importante gracias a la evolución de la tecnológica y de su didáctica. Hoy en día millones de personas en todo el planeta viajan y bucean en busca de las maravillas del mundo sumergido. Con su popularización, otros deportes como la pesca submarina, la natación con aletas o la orientación subacuática pasaron a un segundo plano, mientras la apnea, pese a ser la más antigua de las actividades subacuáticas, quedaba relegada a ser mera comparsa, el medio indispensable para realizar otras actividades como la pesca submarina.
En un entorno de preponderancia del buceo con escafandra, la mayoría de las publicaciones se centraron en este deporte. Hasta hoy, cuando buscábamos en una librería o biblioteca alguna publicación sobre apnea deportiva, únicamente hallábamos –biografías aparte– publicaciones sobre buceo o pesca submarina donde, si bien se dedicaban algunos apartados a la apnea, lo hacían de forma superficial.
La inmersión en apnea, que nació de la necesidad de obtener recursos alimenticios del fondo marino hace unos 10.000 años, no empezó a adquirir entidad propia como deporte hasta las primeras gestas de los pioneros del profundismo, marcando lo que podemos considerar como el inicio de la apnea moderna y que podemos situar –con el permiso de Haggi Statti y su mítica hazaña en 1913– en 1949 cuando Raimondo Bucher, con motivo de una apuesta y con la ayuda de una suerte de péndulo (un lastre amarrado a un cabo), descendió 30 m, convirtiéndose así en «el hombre más profundo del mundo» al tiempo que hacía desmoronarse todas las teorías médicas vigentes que pronosticaron que moriría aplastado por la presión. Ennio Falco, Alberto Novelli, Americo Santerelli o el español Gerard Guignet –que conseguiría en 1954 el récord mundial de descenso en peso constante en aguas de Mónaco con -30 m– fueron algunos de los precursores de esta época.
Ya en los sesenta, el particular duelo entre Enzo Maiorca y Jacques Mayol –llevado años más tarde al celuloide de la mano de Luc Besson en El gran azul (1988)– imprimió a la apnea el empujón definitivo hacia la popularidad. El relevo a esta generación vino de la mano de Pipín Ferreras y Umberto Pelizzari, quienes asimismo mantuvieron una fuerte rivalidad desde principios de los noventa.
Durante la última década, y gracias a la implantación de las nuevas tecnologías de comunicación, los apasionados de la apnea de todo el mundo hemos hallado nuestro punto de encuentro en la Red. Así se gestó la nueva generación de apneístas: la Red sirvió para que se compartieran experiencias y se coordinaran las primeras competiciones internacionales. Actualmente continúa facilitando el flujo de información y, por consiguiente, nos ofrece la oportunidad de ampliar nuestros conocimientos. Esto explica el salto cualitativo y cuantitativo que la apnea ha experimentado durante los últimos diez años en todos los aspectos.
En este contexto, Umberto Pelizzari y Renzo Mazzari crean en 1995 la escuela de formación e investigación para el buceo en apnea, Apnea Academy. Hoy esta escuela, sin duda la más prestigiosa del mundo, es el resultado de la contribución de multitud de instructores que durante años han puesto su propia experiencia al servicio de sus grupos de trabajo. Con la didáctica y la investigación como objetivos fundamentales, Apnea Academy ha alentado las aportaciones personales organizando todo tipo de reuniones científicas con el objetivo de profundizar en el conocimiento de la apnea.
Curso de Apnea, resultado palpable de esta evolución, es una obra única y pionera, puesto que se trata de la primera publicación de un libro dedicado exclusivamente a la apnea deportiva.
Con este libro se llena de contenido uno de los vacíos que más han inquietado a los apneístas que no disponían de ninguna obra de referencia a la que poder aferrarse para aprender y ampliar sus conocimientos, para entrenarse y mejorar sus capacidades.
Curso de Apnea presenta un enfoque amplio e innovador; profundiza en el aspecto consciente (apnea consapevole), matizando el aspecto físico; incide en la seguridad; y aúna teoría y práctica. Se trata de una obra actual que recopila todos los conocimientos madurados en los últimos años de trabajo y estudio por eminentes investigadores (psicólogos, fisiólogos, biomecánicos, médicos hiperbáricos, logopedas, etc.) y que Stefano y Umberto han sabido reunir tan acertadamente aportando además su enorme experiencia personal como apneístas y como enseñantes.
Desde la primera edición en italiano (Corso di apnea, Ed. Mursia, Milán, 2001) han transcurrido cuatro años, de modo que esta edición actualizada introduce cuantas novedades han surgido en este tiempo, así como presenta nuevos apartados que complementan y perfeccionan la edición original.
Invito a todos los apneístas y apasionados de las actividades subacuáticas a incluir en sus bibliotecas este libro que, por la confianza de Umberto y Stefano en su antiguo alumno, hoy me satisface enormemente prologar. Se trata de una obra profunda y ambiciosa que resistirá el paso del tiempo y abrirá nuevas expectativas y horizontes.
La publicación de Curso de Apnea evidencia que, gracias a los precursores de la apnea moderna y a los apneístas contemporáneos, tantos y de tan alto nivel, la apnea hace ya años que dejó de ser asunto de «extraterrestres» para convertirse en un deporte popular que gana espacio día tras día. Es preciso entender la apnea como una filosofía de vida, de equilibrio e integración con la naturaleza en general y el medio original en particular. La apnea, por cuanto es y representa, por las indescriptibles sensaciones que aporta al que la practica, constituye un deporte con tanta historia como futuro.
Olivier Herrera Caudet
Instructor Apnea Academy y miembro de la Comisión de Apnea de la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas – CMAS
PRESENTACIÓN
A los lectores, apneístas e instructores
Una tarde de hace algunos años, en la piscina de un pueblo del extrarradio milanés, donde se impartía un curso de apnea, aconteció la siguiente escena. El instructor repetía a su alumno: «Relájate». El aspirante a apneísta, en pie en la parte baja de la piscina, dejaba caer los brazos y bajaba los hombros (como si ése fuera un modo de relajarse…) con expresión perpleja, que se transformó en verdadero desconcierto cuando el instructor le dio la orden: «No hiperventiles». El aprendiz lo miró con aire desmoralizado y parecía decir: «¿Pero, entonces, qué hago?». En aquel pequeño episodio quedaron visibles todas las lagunas didácticas de la apnea moderna. De una parte, estaba el instructor que intentaba transmitir un nuevo modo de concebir la apnea, privilegiando la relajación ante el esfuerzo físico, sin saber, sin embargo, cómo enseñar estas nuevas técnicas; por otra parte, se encontraba un alumno impregnado de viejas ideas que pensaba que era suficiente con llenar de aire los pulmones para realizar una inmersión. No conseguían entenderse porque, no obstante la buena voluntad de ambos, estaban privados de instrumentos didácticos: para enseñar y para aprender.
Este manual ha sido concebido para cubrir tal vacío y para convertirse en un instrumento de comunicación entre alumnos y profesores. En estas páginas hemos recogido, y esperamos haberlo conseguido, todo el conocimiento que en los últimos años ha contribuido a cambiar el modo de hacer este deporte. Mucha de la información que encontrarán es fruto de nuestra experiencia: hemos aprendido tanto de nuestros errores y de nuestros logros que hemos decidido ponerlos a disposición del público.
Curso de apnea es también el resultado del trabajo realizado por los instructores de Apnea Academy, la escuela internacional fundada en 1996, que en estos años se ha convertido en un laboratorio teórico y práctico de altísimo nivel. Durante años recogimos la contribución de las personas a cargo de la enseñanza, y al final nos encontramos con una suerte de manual que ha sido el núcleo originario de este libro. Quizá entre nuestros lectores se esconda un futuro campeón, alguien que logrará escribir su nombre en la historia; no obstante, nuestro objetivo se vería alcanzado si con estas páginas consiguiésemos transmitir el placer por el agua y hacer saber que la apnea está al alcance de todos, como un modo de entrar en contacto con nuestras raíces acuáticas, una forma de estar bien con nosotros mismos y con los demás. Pero, sobre todo, nos daremos por satisfechos si con este trabajo transmitiésemos al menos una pequeña parte de nuestra pasión por el mar y por la apnea.
Quien espere un manual puramente técnico (que también lo incluye), quizá quede decepcionado. Nosotros partimos del presupuesto de que la apnea es ante todo un deporte mental. La mente debe entrenarse tanto o más que el cuerpo y para muchos esto representa un cambio radical en el modo de pensar y practicar este deporte. Pueden estar seguros que esto, de alguna manera, cambiará también su modo de ser fuera del agua.
Este manual no sustituye al instructor. No cometan el error de pensar que basta leer estas páginas para enfrentarse al mar. Piensen, en cambio, que tienen a su disposición un nuevo instrumento de aprendizaje que pueden usar por módulos, según su nivel técnico y su preparación. Nosotros proponemos un recorrido didáctico de la teoría (Primera y Segunda Parte) a la práctica (Tercera Parte). Naturalmente, cada lector puede usar y leer el libro en base a la propia curiosidad y exigencias.
Nuestro trabajo termina aquí. Nos vemos en el agua.
Umberto Pelizzari
Stefano Tovaglieri
INTRODUCCIÓN
EN APNEA A TRAVÉS DE LA HISTORIA
La palabra apnea deriva del griego a-pnoia, sin respiración. Literalmente, no hace referencia a lo «acuático», pero, en el lenguaje corriente y no médico, se utiliza para referirse a una especialidad deportiva: la inmersión en agua sin la asistencia de un equipo autónomo de respiración. La apnea es un deporte reglamentado, con especialidades bien definidas, registro de los récords, atletas de alta competición, campeonatos mundiales y miles de apasionados que lo practican por diversión.
Los orígenes de esta disciplina se pierden en la noche de los tiempos, en un singular conjunto de leyendas, datos históricos y crónicas. Y ello no es ninguna casualidad. La apnea, más que otros deportes, toca los reflejos atávicos del ser humano. Basta pensar que el líquido amniótico en el cual se desarrolla el feto es muy similar al agua del mar; un neonato sumergido en agua nada instintivamente a braza con continuas apneas de 40 segundos, y continúa haciéndolo hasta que aprende a caminar.
Si en el individuo este impulso queda oscurecido por la conquista de la posición erecta, en la memoria de la humanidad la práctica de la apnea ha dejado trazas indelebles: leyendas, mitos, relatos de antiguos historiadores, hasta las crónicas más recientes de los atletas de nuestros días que, con sus récords, no sólo han escrito las páginas extraordinarias de la historia de este deporte, sino que han obligado a reescribir manuales enteros de fisiología humana.
Cualquier apneísta habrá oído decir, al menos una vez, la célebre frase del médico francés Cabarrou, cuando fue interrogado sobre la posibilidad que tenía un hombre de descender más allá de los 50 m, y sentenció: «il s’écrase…», es decir, se rompe. Esto ocurría antes de que Enzo Maiorca arrancase en Ústica, en 1962, el testigo de –51 m volviendo indemne a la superficie.
La historia de los récords es la historia misma de la apnea: cada atleta, superando el límite de quien lo ha precedido, ha abierto el camino a la evolución de las técnicas de inmersión, poniendo a punto una progresión didáctica que ha forjado nuevos campeones.
Hemos recogido en esta introducción las etapas principales de la historia de la apnea para permitir a cada lector apropiarse del patrimonio de conocimientos precedente y con ello entender mejor las técnicas y los ejercicios que encontrará en los capítulos sucesivos, sin contar que la historia de la apnea, a lo largo de los siglos, mantiene inalterada toda su fascinación.
LOS ORÍGENES DE LA APNEA: DEL MITO A LA HISTORIA
La inmersión en apnea nace de la necesidad de obtener recursos alimenticios del fondo marino, entre poblaciones asentadas a lo largo de las costas de mares y lagos.
Los «comedores de conchas»
Los vestigios más antiguos de la pesca en apnea son los hallazgos hechos por los paleontólogos en la costa del mar Báltico, donde, entre 7.000 y 10.000 años atrás, estaba establecida una comunidad conocida con el nombre danés de Kojkkenmodinger, «los comedores de conchas». El nombre fue sugerido por el encuentro de consistentes restos fosilizados de conchas en el asentamiento, un testimonio que presupone el conocimiento y la práctica de adecuadas técnicas de inmersión para la recolección de moluscos del fondo marino.
En las excavaciones que trajeron a la luz los restos de la civilización mesopotámica, surgida entre los ríos Tigris y Éufrates (4500 a. C.), y en las egipcias de la VI dinastía que reinó en Tebas (3200 a. C.), se han encontrado numerosos objetos ornamentales en nácar, material que sólo se puede obtener pescando conchas del fondo del mar.
En todas las culturas surgidas en la cuenca mediterránea seguramente se practicó la apnea, según confirman tanto los restos arqueológicos como las crónicas de los historiadores griegos y romanos. Muchos historiadores de la antigüedad describen el comercio de la púrpura, preciadísima sustancia colorante destinada al teñido en rojo oscuro de las túnicas de reyes y emperadores (y luego de los cardenales, príncipes de la Iglesia). El preciado colorante se extrae de la glándula «purpurígena» del Murex brandaris o del Bolinus brandaris, moluscos gasterópodos muy comunes en el Mediterráneo que, obviamente, sólo podían pescarse en inmersión. La práctica de la apnea, sin duda, formaba parte de la vida cotidiana de las poblaciones del Mediterráneo y queda testimoniada también por numerosos mitos y leyendas llegados hasta nuestros días.
Glauco, el «verde marino»
La figura mitológica más cercana a un apneísta ante litteram es probablemente la de Glauco, el «verde marino». El mito de Glauco pertenece a la civilización minoica que, surgida en la isla de Creta, alcanzó su máximo esplendor entre el 2000 y el 1570 a. C., extendiendo su poder comercial y militar sobre una amplia franja del Mediterráneo.
En el mito minoico, Glauco era hijo de Minos, rey de Creta, y de Pasífae, «aquella que todo ilumina». De niño cayó en una vasija de miel y se ahogó. Después Poliido, el adivino, lo devolvió a la vida gracias a una planta mágica. La leyenda llegó a Grecia, pero con la tradición la historia cambió radicalmente: Glauco se convirtió en un pescador transformado en dios marino por virtud de una hierba mágica que tenía el poder de hacer resucitar a los peces. Desde su morada en Delos, cada año visitaba los puertos de Grecia y pronunciaba esperados oráculos para la gente de mar. Varias y desafortunadas fueron sus historias de amor. Enamorado de la ninfa Escila, se encomendó a la poderosa hechicera Circe para que lo ayudara. Fue un grave error; Circe, enamorada a su vez de Glauco, transformó a Escila en un monstruo. Intentó conquistar a Ariadna, abandonada por Teseo en la isla de Naxos, pero le fue sustraída por Dioniso…
La figura del dios marino se encuentra en muchas célebres obras literarias: en las Metamorfosis de Ovidio, en Dante, que la recuerda en el Paraíso (canto I, 68), y, en época más reciente, ha sido contada por Luigi Ercole Morselli en la tragedia Glauco, y citada por Gabriele D’Annunzio en el Alcyone. Cada artista ha representado a Glauco según la sensibilidad de su época, pero seguramente a todos ha fascinado como ninguno el hombre que puede vivir bajo el agua.
La representación visual más segura del dios es la de un mosaico conservado en el «Gabinete de medallas» de París, en el cual aparece la figura de un centauro marino, expresamente señalada con el nombre de Glauco. En la iconografía es frecuente que se confunda con Proteo y los Tritones. Por ello no puede asegurarse que sea de Glauco, el colosal busto del Vaticano, que representa a un dios marino de tupida barba. Pero la figura de Glauco es curiosa también porque en otra versión del mito, éste muere en el agua. Se narra que Poseidón, el dios del mar, quedó tan admirado de una excepcional inmersión suya que no lo devolvió a la superficie para acogerlo en su corte, entre las náyades y las sirenas. Cuando el cuerpo de Glauco emergió estaba cubierto de algas y conchas, y su barba había adquirido el color del mar.
Imagen de un pescador, de una pintura mural minoica encontrada en la isla de Tera, del siglo XVI a. C.
Del mito, a la historia
Si la representación artística de Glauco es hija del mito, aquélla que puede verse en un bajorrelieve babilonio de 1885 a. C. está, en cambio, extraída de la realidad cotidiana de los pescadores de la época: en la imagen está representado un hombre bajo el agua que respira por un odre colgado del pecho, a través de un tubo que sujeta fuertemente entre los labios. El del relieve babilonio es sólo uno de los tantos «protosub» heredados de los antiguos.
El historiador griego Herodoto, en la narración de la guerra contra los persas, describe cómo en 480 a. C., en una noche oscura, el pescador Escila y su hija Cyana, nadando bajo el agua, cortaron los cabos de anclaje de la flota persa que asediaba Atenas, y destruyeron así las naves del rey persa Jerjes que, empujadas por el mistral, se estrellaron contra la escollera. Otro historiador ateniense, Tucídides, cuenta que en 415 a. C., durante el asedio de Siracusa por parte de los atenienses, algunos buzos fueron a cortar los palos antidesembarco de los siracusanos. También el filósofo Aristóteles relata una empresa análoga efectuada por buceadores griegos que destruyeron las defensas del puerto de Tiro, y precisa que estos antecesores de los modernos submarinistas usaban la “lebeta”, una suerte de tubo conectado a una vasija sellada para permanecer más tiempo bajo el agua. Aristóteles, observador atento de los fenómenos naturales, habla además de los problemas más comunes que, ya entonces, padecían los buceadores (dolores de oídos, sangre en la nariz, etc.), e incluso hace alusión a «una marmita volteada y llena de aire, que permanece estanca, y en la cual el hombre mantiene la cabeza». Otra leyenda tiene por protagonista al alumno más célebre de Aristóteles, el rey macedonio Alejandro Magno. Se cuenta que Alejandro decidió desafiar al fondo marino, y de este modo se convirtió en el primer hombre en la historia que se hizo hundir encerrado en una especie de barril de cristal confeccionado a medida. La fábula cuenta que una vez devuelto a la superficie, Alejandro Magno sostuvo haber visto un monstruo desfilar por los alrededores durante tres días y tres noches.
Los urinatores
En época romana, en el siglo IV a. C., se instituyó un cuerpo de verdaderos commandos subacuáticos llamados urinatores, del verbo del latín arcaico que significa «ir bajo el agua», que tenía diversas tareas asignadas que preveían, aparte de la recuperación de anclas encalladas, el forzamiento de barreras, la defensa submarina e, incluso, acciones de guerra sumergidas.
A propósito de los urinatores, una historia transmitida oralmente se desarrolla en la isla de Mozia (hoy isla de San Pantaleón), último baluarte de la conquista púnica de Sicilia. Mozia, circundada por un brazo de mar llamado «estanque grande» de relativo bajo fondo, estaba bien defendida por trece trirremos cartagineses que los romanos trataban de asaltar desde tierra a base de catapultas. A cada asalto, los trirremos levantaban las anclas y ganaban el mar abierto a través de un estrecho en la extremidad este de la ensenada, lo cual tornaba así vana cada tentativa belicosa del ejército romano. La historia anduvo así por mucho tiempo y de esa manera Mozia resistió a cada asedio, hasta que un cuerpo de urinatores consiguió, trabajando sólo de noche, colocar grandes palos puntiagudos en el fondo del estrecho; contra estos palos encallaron los trirremos cartagineses, que se dice fueron hundidos y sepultados por el fango que recubre el fondo de este pasaje del mar. Recientemente, un submarinista, después de una fuerte marejada, avistó uno; recuperado por completo, hoy se expone en una escuela de Marsala.
Cleopatra, última reina de Egipto (69-30 a. C.), pagó a dos buceadores para gastar una broma pesada a su huésped, y enamorado, Marco Antonio, aficionado a la pesca con caña. Nadando bajo el agua y siguiendo precisas órdenes de la emperatriz, colgaron al anzuelo de la caña de Marco Antonio un pescado de agua salada...
El historiador Tito Livio (59 a. C.-17 d. C.) nos ha dejado testimonio del reinado del macedonio Perseo (212-166 a. C.), cuyos buzos recuperaron valiosos tesoros naufragados. Incluso en Rodas, la ley reconocía a los rescatadores una cuota del valor de los objetos y otra de riesgo: a quien bajaba 16 cúbitos de profundidad (poco más de 7 metros) le correspondía la mitad de la carga recuperada.
Si en las culturas del Mediterráneo son hoy bien visibles las trazas de la práctica de la apnea en épocas remotas (basta ir a un pueblo de pescadores de esponjas griego para encontrar los antiguos gestos y ritmos de trabajo), no se debe olvidar que esta técnica de inmersión ha sido y es practicada en todas las latitudes. El mundo es grande y el mar lo es todavía más; infinitos son las islas y los pueblos que del contacto con el mar han encontrado su razón de vida, motivo de sustento, posibilidad de estudio. Los primeros entre todos son los pescadores de los atolones polinesios, aunque también los pescadores de perlas indios, yemeníes y del Golfo Pérsico. Por su parte, las crónicas españolas de la Conquista de América cuentan la extraordinaria capacidad de los autóctonos de las Antillas, demostrada en casos de naufragio y en los sucesivos rescates de los galeones hundidos.
Las ama
Despunta, todavía hoy, la experiencia de las ama japonesas y coreanas que desde hace más de dos mil años se ganan la vida con el mismo método de pesca. Son sólo mujeres, divididas en tres clases definidas por la edad y la capacidad de inmersión. Entre los 17 y los 50 años pescan de media unas 8-10 horas al día en un agua que difícilmente supera los 10 °C de temperatura, desnudas, con un pequeño taparrabos, y con una red que las cubre de los hombros a la cintura, cruzada al seno, y que sirve para guardar la pesca. En los primeros tiempos recogían ostras perlíferas, y luego, crustáceos y moluscos, entre los cuales se contaban los awabi (parecidos a las Haliotis lamellosa pero de tamaño decididamente superior). Las ama se lanzan al agua y se dejan arrastrar hasta el fondo por una piedra atada a una cuerda que les servirá, en el momento de la emergencia, para alcanzar a fuerza de brazos la superficie.
Volviendo a Occidente, con el transcurso de los siglos la historia de la apnea se entrelaza de manera indisoluble con la del submarinismo: el hombre ha buscado siempre superar el límite de la propia respiración con el auxilio de la técnica. La evolución tecnológica ha puesto a disposición de los interesados instrumentos cada vez más perfectos y eficaces que permiten una inmersión más larga en los fondos marinos.
Ya Leonardo Da Vinci (1452-1519) realizó dibujos que ilustraban un equipo submarino rudimentario: un tubo, casi idéntico al que se usa actualmente, guantes palmiformes y una extrañísima escafandra que recuerda extraordinariamente al moderno equipo autónomo de respiración. En los siglos siguientes, la carrera tecnológica dejó a la apnea en la sombra. Habrá que esperar hasta el inicio del siglo XX para ver de nuevo en escena a los apneístas.
Antes de llegar a nuestros días, cuando un gran número de personas se sumergen en el agua en condiciones de gran seguridad, consideramos un deber recorrer la historia de la inmersión profunda en apnea y, por tanto, de los récords modernos.
Grabado alemán de 1555 conocido como El asaltante subacuático. El soldado que nada está provisto de un salvavidas similar al proyectado por Leonardo da Vinci.
LA HISTORIA DE LOS RÉCORDS: EL PRIMERO FUE UN PESCADOR GRIEGO
Para revivir los albores de la apnea profunda tenemos que mirar muy atrás en el tiempo. El escenario es el Mar Egeo, la isla griega de Simi. El protagonista es un hombre, el pescador de esponjas Haggi Statti. En aquel momento no habría pensado que su nombre iba a ser legendario en la historia de la apnea. Estamos en 1913, y Haggi Statti tiene 35 años cuando se presenta a bordo de la nave de la Real Marina Militar italiana Regina Margherita, anclada en la Bahía de Picadia, en la isla de Karpazos, para recuperar su ancla, hundida en un fondo de cerca de 75 m. En compensación pide una pequeña cantidad de dinero y el permiso para poder pescar con explosivo, terrible práctica devastadora del fondo marino.
Los médicos de la nave, y en particular, el oficial médico responsable, Giuseppe Musengo, se muestran bastante incrédulos sobre las capacidades reales de este hombre. De hecho, no tiene las características físicas de un tipo superdotado físicamente. Statto mide 175 cm y es de cuerpo huesudo y flaco, con unos 60 kg de peso, musculatura grácil, frecuencia cardíaca elevada (entre 80 y 90 pulsaciones por minuto), y tiene un enfisema en la parte inferior de los pulmones, una función auditiva reducida por la perforación de un tímpano y la falta absoluta del otro. Pero lo que más sorprende es su incapacidad para mantener la respiración fuera del agua durante más de un minuto. Aún así, los lugareños aseguran que Haggi Statti puede aguantar bajo el agua incluso siete minutos sin respirar, y que ha llegado varias veces a la profundidad de 100 m, haciéndose arrastrar por una piedra fijada a un cabo por el que luego regresa ayudándose con los brazos. Al final, Statti sorprende a todos. Después de algunos días de búsqueda en un fondo de profundidad comprendida entre los 60 y 80 m, recupera el ancla de la Regina Margherita desde una profundidad de 76 m, después de una inmersión de casi 3 minutos.
Haggi Statti, pescador de esponjas griego, consiguió recuperar en 1913 el ancla de la nave Regina Margherita de la Real Marina Militar Italiana, a –76 m, con una apnea de aproximadamente 3 minutos.
Todos los testimonios, así como los escrupulosos informes médicos y de a bordo sobre la autenticidad de este hecho se encuentran disponibles en el Archivo Histórico de la Marina Militar Italiana en Roma. Estupefacto y admirado, el doctor Musengo escribe: «Statti regresa en pleno vigor de sus facultades físicas después de cada inmersión; tal hecho lo corrobora el modo en que sube a la barca, sin ayuda, y en cómo menea la cabeza para sacudirse el agua de la nariz y las orejas. Ha sostenido haber bajado a 110 m de profundidad, con capacidad para resistir a –30 m cerca de 7 minutos».
En 1912, un año antes de que Haggi efectuase esta empresa, nacía en Hungría el hombre que, nacionalizado italiano, establecería el primer récord de inmersión en apnea: Raimondo Bucher. En 1949, cuando anunció que llevaría consigo a 30 m de profundidad un pergamino cerrado en un cilindro estanco, y que lo entregaría a un submarinista que lo esperaba en el fondo fangoso de la bahía de Nápoles como si de un testigo se tratase, los doctos científicos sentenciaron que ese loco capitán de la Aeronáutica Militar moriría aplastado por la presión. En aquellos años, para la medicina oficial, las variaciones fisiológicas ligadas a la profundidad de la inmersión en apnea estaban brutalmente reguladas por la ley de Boyle-Mariotte (p·v=K, el volumen de un gas es inversamente proporcional a la presión ejercida sobre dicho gas). No se conocía todavía el fenómeno del blood-shift, o hemocompensación pulmonar: el aire presente en los pulmones, que es compresible, es sustituido por un líquido, en este caso específico la sangre, que no se comprime con la presión (del fenómeno blood-shift hablaremos con mayor amplitud en el Capítulo 3).
Cuando, en 1949, Raimondo Bucher llevó consigo hasta el fondo del mar, a 30 metros de profundidad, un pergamino cerrado en un cilindro estanco, se convirtió en el hombre más «profundo» del mundo.
La apuesta de Bucher
No obstante, Bucher intentó la empresa y se convirtió en el hombre más «profundo» del mundo. Más tarde confesaría que descendió a aquella cota por una apuesta estipulada con el propio submarinista napolitano que lo esperaba en el fondo: ganó 50.000 liras, que en 1949 constituían una cifra considerable.
Bucher abrió el camino a un largo sucederse de récords en peso variable absoluto, donde la máxima profundidad se alcanza con la ayuda de un lastre, sin ningún límite de peso. La superficie puede ser recuperada con el auxilio de un globo. Bucher siguió siendo el hombre más «profundo» del mundo durante dos años, hasta 1951 cuando Ennio Falco y Alberto Novelli, otra vez en Nápoles, bajaron a –35 m. Bucher esperó un año y en 1952, en Capri, reconquistó el récord con –39 m.
En este período se construyeron las primeras escafandras submarinas para cámaras de cine y la llegada de Bucher a –39 m constituye el primer récord documentado con imágenes. Resulta muy interesante un detalle del equipo de Raimondo Bucher: el tubo consistía en un pedazo de tubería de gas. Las gafas eran rudimentarias, el volumen interno era notable y los primeros problemas de compensación se presentaban ya en torno a los 10 m. Por no hablar de las aletas, hechas de goma muy blanda; el impulso que imprimían era ridículo. Además, también la dimensión de la pala era reducida; existen imágenes de la época en las que se ve al apneísta nadando con aletas apenas algo mayores que sus pies.
El record de Santarelli
En el año 1956 vuelven a la carga Falco y Novelli, que establecen en Rapallo el nuevo récord mundial, con –41 m. Luego viene un intervalo de cuatro años hasta recibir desde Brasil la noticia de Americo Santarelli, que descendió en Río de Janeiro a –43. El 1960 es su año de victorias: Santarelli visita Italia y en las aguas del Circeo toca la cota de –44.
Poco después, en Siracusa, Enzo Maiorca, el hombre que habría de dominar la historia de la apnea en los treinta años siguientes, baja a –45 m. Americo Santarelli se desplaza a Santa Margherita, en Liguria, y alcanza los –46 m. Maiorca, nada impresionado, pone tres metros entre él y el brasileño con una inmersión a –49 m, siempre en aguas locales. Por fin, en 1961, Enzo Maiorca alcanza por primera vez en la historia la emblemática cota de –50 m. Y en 1962, en Ústica, para rebatirse, el siciliano arranca el testigo de –51 m. La ciencia ha sido clamorosamente desmentida. Quién sabe cuál sería el estado de ánimo de Maiorca en el momento en que efectuaba el golpe de riñón que precede al descenso, con toda la medicina dándolo por acabado; en tales circunstancias se ve la grandeza del hombre. Americo Santarelli se retira y Maiorca, sin adversarios, registra un –53 m en Siracusa en agosto de 1964 y un –54 m en Acireale en julio del año siguiente. La paz para Maiorca dura poco, pues en 1965 aparecen en el horizonte tres nuevos adversarios: Teteke Williams, Robert «Bob» Croft y Jacques Mayol. Un periodista del momento dijo de estos tres atletas que fueron para Maiorca un rayo en el cielo sereno el primero, un trueno ensordecedor el segundo y una tormenta infinita el tercero.
Jacques Cousteau funda la CMAS
La CMAS, Confédération Mondiale des Activités Subaquatiques, se funda en Mónaco en 1959 bajo la presidencia del comandante Jacques Cousteau. Reagrupa las federaciones, las asociaciones y los organismos nacionales que operan en el sector de las actividades subacuáticas. Sustituye al Comité de deportes subacuáticos de la Confederación internacional de pesca deportiva fundado en 1952. La lengua oficial de la CMAS es el francés. Hasta aquí la Confédération había homologado todos los récords. La llegada de los nuevos aspirantes coincide con una política más severa: los –59 m de Williams, en Polinesia en septiembre de 1965; los –60 m de Mayol, establecido en las Bahamas en junio de 1966, y los –64 m de Robert Croft (Florida, febrero de 1967) no fueron aceptados como válidos aunque sí entren, por derecho, en la historia de la inmersión. Enzo Maiorca, por su parte, no se duerme en los laureles y en noviembre de 1966, desciende en las aguas de su Siracusa natal a –62 m con todos los honores de la oficialidad. El hecho de que Croft haya llegado a –64 m no lo desalienta: en Cuba, en septiembre de 1967, baja a la misma profundidad.
Maiorca y Mayol: el desafío
Las técnicas de inmersión son diferentes: Croft, fuerte y con una capacidad pulmonar impresionante (nueve litros y medio), se zambulle desnudo, sin aletas ni gafas, y cuando regresa lo hace escalando por el cabo guía. Mayol, en cambio, introduce las técnicas yoga, y trata de sustituir con la concentración psíquica un físico que no es precisamente de Tarzán. En cuanto a Enzo Maiorca, constancia y determinación constituyen los elementos fundamentales de su modo de meterse a capofitto nel turchino, o «de cabeza en el turquesa»1. Croft, que evidentemente no da mucha importancia a la CMAS, insiste con sus récords: en diciembre de 1967 alcanza, en Florida, los –67 m netos, pero apenas un mes después, también en Florida, el francés nacido en Shangai Jacques Mayol toca los –70 m. El estadounidense responde en agosto de 1968 con –73 m. Para la CMAS todo es esfuerzo malgastado; no homologa ni una de todas estas prestaciones. Después de esto, Croft se ve obligado a salir de escena a causa de un enfisema pulmonar. El estímulo para Enzo Maiorca es, en cualquier caso, suficiente para llevarlo en agosto de 1969 a –72 m, y justo un año después, siempre en aguas de Ognina, a –74 m. Pasa un mes y Mayol, en Japón, alcanza primero –75 m y después –76 m.
El 5 de diciembre de 1970 la CMAS, siguiendo una decisión muy severa tomada por la propia comisión médica, comunica que no pretende efectuar ninguna homologación de récords de inmersión en apnea. Una de las razones de más peso para ello es el peligro que supone para los submarinistas de asistencia. Para la CMAS estas marcas tienen sólo un interés científico y la Confederación les concede un académico, aunque inútil, reconocimiento como experimentación. Mayol se alinea con la investigación, mientras Maiorca inicialmente no acepta hacer otro tanto, para ceder al final ante el atractivo del espíritu de competición.
Una foto reciente de Jacques Mayol, padre de las nuevas técnicas de apnea.
La polémica de la década de 1970
Exaltado por los –76 m de Mayol, Maiorca, en agosto de 1971, descenderá a los abismos hasta –77 m. Se repetirá con puntualidad en Ognina y en Génova en agosto de los dos años sucesivos, arrancando el testigo de las cotas –78 m y –80 m. Mayol decide entonces desplazar el desafío a casa del rival y en 1973 se presenta en la isla de Elba, donde supera en unos buenos seis metros al siciliano. La reacción de Maiorca es casi inmediata y al año siguiente elige Sorrento para dar una lección definitiva: en septiembre de 1974 baja a –87 m. Mayol, desde Elba, el año siguiente toca la cota –92 m y trece meses después, el 23 de noviembre de 1976, conquista la mítica cota de –101 m.
Los récords de los dos grandes rivales dejaron en aquellos años una estela de polémica que hizo poco honor a la disciplina. El francés sostenía que se zambullía en los abismos no para establecer ningún récord sino simplemente para realizar estudios médicos y científicos. El siciliano rebatía que, si Mayol hubiese querido someterse a la experimentación, se habría ido solo en medio del mar, con su equipo de médicos y submarinistas, lejos de las televisiones, los fotógrafos, la prensa, los jueces, los comisarios y los patrocinadores.
En 1983, Jacques Mayol toca los –105 m y en 1988, en Siracusa, también Enzo Maiorca supera el fatídico límite de los –100 m, justa meta para un grandísimo esfuerzo deportivo. Hasta ese momento no existía diferencia entre peso variable reglamentado y peso variable absoluto o no limits. La distinción, como veremos, se establecerá.
Década de 1980: los equipos evolucionan
En estos treinta años de historia, el equipamiento del apneísta registra una evolución técnica notable. Las gafas, hasta ahora rellenas de silicona para reducir el volumen interno y facilitar la compensación, se reemplazan por lentes de contacto. En las cotas actuales, las posibilidades son dos: bajar sin protegerse los ojos, como hacen la mayor parte de los atletas sudamericanos, o emplear lentillas específicas para el mar. También las aletas de goma se sustituyen por aletas más largas y rígidas. Las aletas de competición de última generación alcanzan el metro de longitud y, en los casos más sofisticados, se fabrican en fibra de carbono. Gracias a estas mejoras en los equipos, el hombre ha realizado progresos increíbles, sobre todo en el descenso en peso constante.
Peso constante: el récord de Makula
Esta especialidad tiene una historia rica y fascinante. El peso constante prevé que el atleta descienda y regrese a la superficie empujado por la fuerza de las piernas, sin poder nunca tocar el cabo y sin abandonar el lastre que lo ha ayudado a bajar. Con este reglamento, el primero en descender a la cota récord de –50 m fue Stefano Makula, un romano de origen húngaro como Bucher, que en 1978 inicia un desafío personal con Enzo Maiorca y sus alumnos Nuccio y Mario Imbesi. Por su parte, los dos hermanos tocan en septiembre de 1978 los –52 m, y en el mismo mes Maiorca baja a –55 m. En 1979 Makula iguala a Maiorca, aunque ambos serán superados por Enzo Liistro, que toca los –56 m. Nuccio Imbesi hace marcar al profundímetro –57 m en junio de 1980. Pasan 16 meses y Makula, en octubre de 1981, baja a –58. No acaba aquí porque en noviembre del mismo año Mayol, siempre él, con –61 m es el primero en batir en peso constante la barrera de los 60 m.
Transcurren algunos años de tregua en el ambiente del profundismo mundial, a excepción de alguna esporádica aparición de Stefano Makula en peso constante primero y en peso variable después, todas ellas pruebas sin homologar. En 1988, en Giannutri, Makula desciende oficiosamente a –102 m en peso variable y, un año después, el 23 de octubre, en Ponza, es víctima de un grave incidente cuando trataba de alcanzar los –110 m.
«Pipín» Ferreras
Entre tanto en Europa comienza a circular el nombre de un destacadísimo apneísta cubano, Francisco «Pipín» Ferreras, del cual hablan con estupor y maravilla todos los buceadores que visitan la isla caribeña. Se cuenta de una zambullida suya a –67 m en peso constante en el otoño de 1987, y de una sucesiva a –69 m en 1988 en las aguas de Cayo Largo. Estas marcas no son homologadas porque la subida se hizo con la ayuda del cabo, cosa absolutamente prohibida por el reglamento. Aquél fue seguramente un año importante para el profundismo mundial. Por su parte el francés Frank Messegué, en la isla de Reunión, toca en peso constante los –62 m, retomando así la competición en esta especialidad, ocho años después de que su maestro Jacques Mayol hubiese establecido los –61 m. En Cuba, Pipín asombra de forma oficial en la especialidad de peso variable el 3 de noviembre de 1989, agujereando el mar hasta la cota de –112 m. Ahora, él es el hombre más «profundo» del mundo.
Las modificaciones del peso variable
Una aclaración: en ese año 1989 la Federazione Italiana, una de las pocas que continuaron reconociendo los récords de apnea profunda no obstante el veto de la CMAS, publica un nuevo reglamento que deja la modalidad de peso constante sin cambios, mientras modifica algunas normas concernientes a la especialidad del peso variable reglamentado. La nueva reglamentación permite disponer para el descenso de un lastre equivalente a un tercio del propio peso corporal; el lastre se abandona en el fondo y el atleta sube por sus propios medios, y se prohíbe el uso de cualquier auxilio como globos o trajes inflables. Quedan establecidas oficialmente por la Federazione las especialidades de descenso con peso constante, descenso con peso variable reglamentado y descenso con peso variable absoluto o no limits (el viejo peso variable de Mayol y Maiorca, en el cual se alcanzaba la máxima profundidad con un lastre sin límite de peso y se regresaba a la superficie con la ayuda de un globo hinchable), esta última especialidad sin homologar pero oficiosamente controlada por la presencia de comisarios de la CMAS.
Se retoma, decíamos, la competición partiendo de los –62 m de Messegué en peso constante, de los –87 m de Maiorca en peso variable y de los –112 m de Pipín en peso variable no limits. Pocos meses después de haber establecido los –112 m, en septiembre de 1990, tras su traslado a Sicilia, a la corte de Enzo Maiorca, Pipín lleva el récord en peso constante de –62 m a –63 m y el de peso variable, de –87 m a –92 m.
El primer record de Pelizzari